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Psicología de Omar

La adaptación de los niños al divorcio de los padres

Adaptación de los niños al divorcio de los padres

Ayudar en la adaptación de los niños al divorcio de los padres, es una tarea compleja. Por un lado, el niño está o debe estar sufriendo, por otro el divorcio representa en mayor o menor medida un evento también para los padres que lo experimentan. Los divorcios se asocian por lo general a discusiones, desacuerdos, problemas de pareja, algún grado de violencia psicológica al menos.

Los padres, responsables de ayudar a los hijos, frecuentemente se encuentran invadidos por sentimientos adversos: inseguridades y disgustos, que para nada contribuyen a la posibilidad de ayudar a terceros, aun cuando se trate de los hijos.

Durante el divorcio, la familia está en crisis, la situación que reina es de caos, por tal razón, este artículo pretende poner un poco de orden en lo referente a qué hacer para lograr la mejor y más rápida adaptación del niño al avasallador cambio que tiene lugar en su vida.

Ya hablamos, en el primer artículo sobre el divorcio (puedes leerlo aquí), sobre los sentimientos que invaden al niño ante la separación de los padres. El hogar, centro de la zona de confort, de pronto amenaza con desmoronarse, la seguridad desaparece en la vida de los niños.

También nos referimos a la comunicación a los hijos (puedes leerlo aquí), acerca de la separación. En este segundo artículo sobre el divorcio se valora una comunicación adecuada como la piedra angular que facilitará el proceso de adaptación, su primer paso. Sin embargo, cumplir de manera adecuada con esta exigencia es condición necesaria pero no suficiente. Otros muchos aspectos entran al juego y de la correlación entre ellos dependerá la reacción de los niños.

Factores que atentan en la adaptación de los niños al divorcio de los padres

Sin pretender agotar el tema, intentaremos abordar otros factores que tienen una alta incidencia en los tropiezos adaptativos de los niños. Ellos son:

  • ¿Quién se queda con los hijos?
  • La nueva relación entre los padres y la comunicación entre ellos.
  • Los cambios en las condiciones materiales de vida.
  • Los cambios en las rutinas.
  • Los cambios en el ambiente escolar.
  • Los cambios en las relaciones sociales.

Por la complejidad que en mi experiencia tiene el segundo de estos temas, he preferido tratarlo en un próximo artículo. En el presente, nos referiremos a todos los demás que tampoco son temas sencillos ni menos importantes.

¿Quién se queda con los hijos?

Una vez decidida la separación y antes de comunicárselo al niño, los miembros de la pareja deberán acordar con quién se quedan los niños. En algunos países se le da la prioridad legal al padre, en otros con legislaciones protectoras de la maternidad, el derecho prioritario lo tienen las madres.

Más allá de posiciones sexistas que en poco ayudan, en mi criterio la custodia de los hijos debería otorgarse al miembro de la pareja que esté más vinculado afectivamente con el niño; más relacionado con la satisfacción de sus necesidades y con posibilidades reales de garantizar una mejor educación. Y tal decisión debería ser consensuada.

En casos de más de un niño, aunque lo matemáticamente proporcional sería que ambos padres se quedasen con un hijo, no me parece adecuado, desde el punto de vista psicológico, añadir a la separación de los padres, la separación de los hermanos.

El padre que cede la custodia del niño o niños a su expareja, en modo alguno estará cediendo sus derechos y mucho menos sus deberes como padre.

Los cambios en las condiciones materiales de vida

Este tema incluye varios aspectos, el cambio de vivienda, el cambio de condiciones intra-vivienda, así como los recursos materiales y financieros destinados al niño. La decisión del divorcio incluye la separación física y con esta la decisión, la de si los hijos se mantienen viviendo en la misma casa o deben irse de ella.

Lo ideal sería evitar que los hijos tuviesen que cambiar de casa. No significa lo mismo enfrentar una adaptación a que falte uno de los padres, y además de eso, cambie también la casa en que viven los niños. Claro, no siempre es evitable que el niño se tenga que ir. Muchas parejas construyen la familia en casas que no son propias y que han sido alquiladas acorde al poder adquisitivo de ambos miembros de la pareja. Si este poder se divide puede no ser suficiente e implicar inevitablemente el cambio.

Otro problema es, los complejos asuntos de propiedad, si la casa es de uno o del otro, si tiene implicaciones en la familia de origen del propietario y otros fenómenos parecidos. Si los padres logran que el niño no tenga que cambiar de casa estarán evitando complicaciones adicionales a su hijo.

En muchos casos uno de los padres se va y en la casa se quedan los hijos, pero entonces el tema de discordia se traslada con frecuencia a los bienes con que cuenta el matrimonio y a su justa división. Con frecuencia, es realmente complicado lograr acuerdos en este sentido y muchas veces se termina contratando servicios jurídicos para lograr una solución.

En todos los casos que he conocido, y no han sido pocos, la pugna por la separación de los bienes del matrimonio, se centra en dividir en dos. Los hijos no cuentan para nada, ni siquiera cuando la determinación es tomada por jueces o abogados, esto no me parece justo. Los niños no pusieron dinero, es lógico, pero ¿no tienen derechos sobre los bienes que se dividen?

Entiendo que es lógico que cada uno de los padres tenga la posibilidad de quedarse con los objetos que le son de mayor necesidad. Pero creo que no tener en cuenta las necesidades de los hijos no debe ser la actitud de un padre o una madre. Mucho menos que la puja por quedarse con más cosas tenga la mala intención de provocar daño o vengarse de su expareja a costo de la afectación a los propios hijos.

Adicionalmente a la división de bienes del matrimonio, otra cuestión a tratar dentro de este acápite, es la clara responsabilidad de ambos padres de alimentar y satisfacer las necesidades de los hijos. Puede parecer innecesario tratar este tema, pero todos sabemos que no lo es. Pasar una cuota fija en ocasiones no es suficiente. Y es lamentable que la pareja tenga que apelar a un tercero para decidir cuánto y con qué frecuencia se aporta a los hijos.

Si veo mal que se le exija a un miembro de la pareja que aporte más de lo que realmente le es posible, peor veo que se intente aportar menos de lo que la persona puede, dejando al otro el peso de los gastos de vida, cuidado y educación de los hijos.

Los cambios en las rutinas

Este aspecto encierra cualquier modificación en las costumbres de los niños, sus permisos y prohibiciones, y la organización de su vida. La separación de los padres implica una sobrecarga de funciones para quien mantiene la custodia de los niños, pero debe tenerse especial cuidado en que la vida del niño y sus rutinas varíen lo menos posible.

Incluso debe en lo posible mantenerse, a no ser que sean inaceptables, las normas que existían para el niño a partir de su otro progenitor, evitando cambios adicionales a los que tendría que adaptarse el niño y posibles contradicciones futuras con el otro miembro de la pareja. El miembro de la pareja que no esta con los niños no ha perdido, por motivos del divorcio, su derecho a influenciar en la educación de los hijos.

Los cambios en el ambiente escolar

Otro aspecto importante que debe ser evitado es sumar a la adaptación a la separación, la adaptación a una nueva escuela. Es evidente que si el niño cambia de casa es poco probable que pueda mantenerse en la misma escuela, pero, si esto es posible, es lo preferible. En caso de ser necesario el cambio, la familia deberá tratar de que el mismo ocurra una vez acabado el curso escolar.

La escuela implica un sistema de relaciones complejo, con relaciones con coetáneos y adultos, relaciones de camaradería, subordinación, con otro individuos y grupales que al niño le lleva tiempo y esfuerzo construir. Adaptarse a una nueva escuela implicaría además de la pérdida, una nueva construcción, en un momento que lógicamente, no es el óptimo desde el punto de vista emocional.

Los cambios en las relaciones sociales

El cambio de casa y de hecho la misma separación de los padres, puede implicar el cambio de relaciones con otros niños, aun cuando se cambie de casa y de ambiente, los padres deben preocuparse por mantener en lo posible las relaciones del niño con sus coetáneos más allegados, al menos hasta que el niño sea capaz de lograr relaciones sustitutivas en el nuevo ambiente en que viva.

Así mismo, ambos padres deberán velar porque la relación del niño con su familia por la parte de su expareja no se deteriore a consecuencia del divorcio. Al fin y al cabo, es también la familia del niño y no fue precisamente él quien la escogió.

La casa, las condiciones materiales de vida, el nivel de vida, la escuela, las relaciones con sus hermanos, familiares y amigos son pérdidas adicionales que pueden sumarse a la separación de uno de los padres y que complican la adaptación de los niños al divorcio de los padres, en tal sentido deben ser evitadas.

Tal vez lo tratado no abarque toda la realidad del divorcio, pero espero que sirva de incentivo a la reflexión sobre situaciones que agravan adaptación de los hijos a él, y además, para generar un profundo debate que de alguna mera beneficie a los niños.

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