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Psicología de Omar

El menor en tiempos de coronavirus, aislamiento familiar

Familia en casa

La vida cotidiana de los niños, en la inmensa mayoría, implica un cambio frecuente de ambientes. Pasado el primer año de vida, es poco frecuente que se queden todo un día en casa. Por lo general salen del hogar a un parque, una visita a familiares o amigos de la familia, comidas, paseos, mercados, escuelas, guarderías o círculos infantiles y un sin número de espacios y lugares que de alguna manera satisfacen la insaciable necesidad de nuevas impresiones. Después de los tres años solo una causa mayor puede provocar que el menor permanezca en casa más de dos o tres días, afectaciones en su salud o el peligro de epidemias y pandemias.

Las salidas habituales de los menores conllevan actividades igualmente normales: correr, caminar, practicar deportes, jugar, subirse, saltar, todas ellas corren el riesgo de reducirse a consecuencia del aislamiento familiar.

Desde las ya antiguas epidemias europeas de la peste negra, se estableció la cuarentena como un período de cuarenta días de aislamiento, personal o familiar, para evitar el contagio, y aun lo drástico y difícil del método, sigue siendo en la actualidad uno de los métodos más efectivos para la prevención y para interrumpir la trasmisión de enfermedades altamente contagiosas, que en dependencia de la enfermedad puede ser de mucho menos días.

Cómo afecta el aislamiento a la familia

Aun cuando los teléfonos móviles y la internet han creado grandes grietas al aislamiento familiar, los efectos de estar confinados, tanto económicos, sociales como psicológicos, para la familia siguen siendo nefastos y afectan por igual a todos sus miembros, desde el ancianito que se ve privado de coger el sol en la mañana, mientras conversa con el vecino, hasta el adolescente que tiene que dejar de frecuentar a la novia y a sus amigos.

La imposibilidad de asistir al trabajo, de relacionarse con personas, de cumplir ciertos compromisos en ocasiones ineludibles e impostergables o el simple hecho de dejar de disfrutar de determinados placeres y la imposibilidad forzosa de realizar rutinas y mantener costumbres, hace interminable el tiempo de encierro y pueden llegar a provocar ansiedad, depresión, sentimientos de ira, hastío y toda una gama de sentimientos, cuál de ellos peor.

Tener que permanecer forzosamente en casa es un verdadero castigo para muchos adultos, imagine usted, amigo lector, cómo será para los niños. Los menores, a diferencia de los adultos, muchas veces no entienden a plenitud por qué el encierro en el hogar. Por mucho que se les explique, o cual debe hacerse con la verdad y tratando de no crearles pánico, su nivel de comprensión les permitirá aceptarlo solo por un pequeño período de tiempo.

No entienden bien por qué están encerrados, no comprenden por qué no deben salir, lo cual se debe explicar de manera clara. No participaron en la decisión del aislamiento familiar y tienen que enfrentar las mismas consecuencias que enfrenta el adulto por estar encerrados; contando con mucho menor capacidad de autocontrol de emociones y de la conducta y bajo la influencia de adultos que están en tensión.

Las relaciones familiares en condiciones de cuarentena

Los niños tienen mucha energía que utilizan en función del desarrollo. Muy pocos adultos podrían repetir, sin agotarse, todos los movimientos que realiza un niño durante 20 minutos. Cuando tal energía no se emplea en función del aprendizaje y de la creación de habilidades, el niño la empleará de alguna forma, en conductas que no siempre son las deseadas, lo que se sumará a las ya demasiadas presiones que sufren los miembros de la familia durante el tiempo de aislamiento.

Padres alterados y preocupados con niños intranquilos y limitados conforman una mezcla explosiva. Hace unos días una magnífica persona y especial madre, me contaba las peripecias de su hijo en la condición de cuarentena, ella y su esposo daban quejas en ráfagas sobre la conducta de uno de sus hijos. Referían, que por más que intentan no usar métodos educativos violentos, en las nuevas condiciones esto era inevitable.

Los menores, especialmente entre tres y seis años, incluso llegan a romper cosas y no muestran arrepentimiento, disfrutan de hacerlo cuando se aburren en un ambiente de tantas limitaciones. Los padres, desesperados a priori, con disminución lógica de su tolerancia y preocupados por las nuevas conductas, inundan el poco espacio con críticas, quejas, regaños y pleitos, eso en el mejor de los casos, pues castigos y nalgadas acechan desde cada rincón.

Por lo general los padres tratan de justificar su actitud, refieren que: “tienen que hacerlo pues el niño tiene que aprender lo que no se hace”, “porque hay que educarlos”, “porque lo mal hecho no puede quedar impune”. “No lo hacen porque ellos quieran hacerlo”, “lo hacen porque el niño se porta mal”. “No son ellos responsables por lo que hacen”, “el niño es el culpable”.

Hay una lógica en todo esto, se entiende sin necesidad de ayuda, lo difícil de la convivencia en estas circunstancias y sobre todo lo complejo de organizar el sistema de normas educativas en la familia. Solo que, la simple comprensión no es suficiente para la solución del problema que se genera a corto, mediano y largo plazo.

Desmontando la lógica del encierro

Los niños no son culpables, ellos son inocentes. La víctima de la violencia no puede ser considerada culpable.

Nada justifica el uso de métodos educativos violentos, ni la autoridad, ni el amor, ni la preocupación por que el niño aprenda. La relación causa efecto entre el método educativo violento y la conducta desajustada es inversa a como comúnmente se interpreta, en realidad el niño se porta mal porque usan métodos educativos inadecuados con él. Lea el artículo anteriormente publicado en nuestro blog sobre los efectos de los métodos educativos violentos.

Nada justifica el uso de métodos educativos violentos, ni la autoridad, ni el amor, ni la preocupación por que el niño aprenda. Clic para tuitear

Por otra parte, en las condiciones de encierro, el niño se siente mal, igual que todos los demás miembros de la familia, por eso se porta mal, la conducta desajustada aparece como expresión de su malestar. Si se adicionan regaños, críticas, castigos o cualquier otro método duro, el niño se sentirá peor y si se siente peor no debe esperarse mejor conducta.

Recomendaciones durante el aislamiento familiar

¿Qué es entonces aconsejable hacer para que el niño se porte lo mejor posible en las condiciones de encierro y el aislamiento familiar sea menos perjudicial?

  1. Entender la significación del aislamiento y de sus efectos para el niño, es una situación especial que el niño no entiende y que puede generar conductas no aceptables.
  2. Explicar de manera clara y comprensible para el niño la razón del aislamiento familiar y hacerlo tantas veces como sea necesario.
  3. Trazarse de manera consciente la meta de no usar métodos educativos violentos en la condición de encierro. Ya es suficiente lo que el niño está viviendo, no es necesario agregar leña al fuego.
  4. Minimizar las consecuencias que genera el encierro, restarle importancia, no darle carácter de problema a la conducta desagradable.
  5. Planificar el tiempo del niño, en cada momento tiene que estar claro qué hará el niño, de modo que la mayor parte del día esté ocupado en cosas que lo entretengan y desarrollen.
  6. Proporcionar condiciones de juegos diversos, es imprescindible contar con una gama amplia de juegos de mesa (ajedrez, dominó, parchís, etc), juegos legos diferentes, materiales para dibujar y colorear.
  7. Improvisar juegos con los materiales con que se cuente, un diccionario, papel y lápices, etc.
  8. Organizar otras actividades que pueden ser realizadas: decoraciones, tareas relacionadas con la elaboración de alimentos, leerle o lecturas compartidas de ser posible, cantar, escribir un diario, poesías o un cuento.
  9. Determinar los espacios abiertos o al menos más amplios en los que el niño pueda gastar su energía, y usar cotidianamente esos espacios fundamentalmente una vez al día, previo al baño del niño.
  10. Compartir juegos con el niño y ser creativos, especialmente los juegos activos, se puede bailar, saltar, montar coreografías, en el horario dedicado a juegos activos. Los adolescentes pueden hacer ejercicios físicos y aeróbicos. Evitar el retozo y la excitación excesiva que luego será difícil controlar. Lea el artículo ya publicado en nuestro blog sobre el juego en los niños.
  11. Evitar el uso de pantallas de video y juegos virtuales, por los efectos que estos generan. Lea el artículo ya publicado en nuestro blog sobre los niños y las pantallas de video.
  12. Estimular al niño por la buena conducta que se espera, y digo que se espera, aunque no sea la conducta real que se observa. Se debe ser abundante en los elogios. Lea los artículos Premisas para educar bien a los hijos y Guía para educar bien a los hijos ya publicados en nuestro blog.
  13. Acumular tanta paciencia como sea posible, que al igual que los alimentos, alcance para todo el tiempo de aislamiento.

Al final la cuarentena es una necesidad para preservar la salud y puede salvarnos de la pandemia COVID-19 que hoy nos amenaza a todos. Si se toman las precauciones y medidas pertinentes, el confinamiento puede dejar de ser nocivo en sí mismo.

El aislamiento familiar puede favorecer las relaciones de la familia en general y en especial con los hijos, puede facilitarnos el tiempo, que, en épocas de tecnología, celulares, internet, trabajo, presiones y estrés, nos cuesta trabajo encontrar.

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