Saltar al contenido
Psicología de Omar

Conducta agresiva y defensiva en los niños

Niño agresivo

La agresividad es una de las preocupaciones que presentan los padres, fundamentalmente en los niños varones. Con frecuencia los padres buscan ayuda para sus hijos por este motivo y para sí mismos, pues por lo general es una afectación que primero intentan resolver por sí solos, hasta que ya es tan intensa la violencia del niño que no encuentran cómo controlarla. Hay varias diferencias entre conducta agresiva y defensiva que se deben tener en cuenta al analizar este problema, sobre ellas, conversamos en este artículo.

La conducta agresiva en los niños adopta formas muy variadas, de ello hablaremos en un futuro artículo, en el presente nos interesa más centrarnos en la identificación de tal conducta agresiva y de las conductas violentas en general.

Contextualización de la agresividad infantil

No siempre la agresividad puede ser considerada como una conducta desajustada, el error de clasificarla como tal ocurre cuando su análisis se realiza la margen del contexto social concreto en que esta aparece.

En el marco de un ambiente familiar agresivo con el niño, en un grupo de coetáneos o en la relación con otro niño, pueden darse situaciones violentas, ante las cuales, la actitud agresiva puede ser un mecanismo eficiente de ajuste y en tal caso, no debe ser considerada como conducta problema, y los esfuerzos de modificación deben ir enfocados al contexto.

En este sentido podemos avanzar un poco más si traemos a colación un término muy cercano a la agresividad y de difícil diferenciación con él, que, aun a sabiendas de que no está aceptado por la Real Academia Española, ha sido de utilidad como categoría evolutiva para los pacientes atendidos por mí con psicoterapia de grupo, me refiero a la “defensividad”.

Con el término defensividad, no hemos referido por años a la capacidad del niño de defender sus intereses o los de su grupo ante actitudes violentas en su contexto, y que puede tener diferentes niveles de desarrollo. En estos casos siempre la conducta violenta se origina fuera del niño y este solo responde a la altura de la situación.

Diferenciar la defensividad de la agresividad se hace más complejo cuando la respuesta del niño no aparece inmediatamente después de la situación que la genera. O sea, en los casos en que los niños responden en consonancia con situaciones que han ocurrido en el pasado y que median su relación con la persona o personas envueltas en la situación y que no pueden, por tanto, ser observadas en el momento en que aparece la conducta.

Ejemplo de conducta agresiva que en realidad es defensiva

Veamos un ejemplo que esclarezca lo anterior. Puede que un observador detecte que un niño, sin motivo aparente, trata de malos modos a un adulto en el barrio. El adulto no había dicho ni hecho nada, solo por el simple saludo al niño este le responde de manera violenta.

En primera instancia el observador tiene evidencias de que el niño es agresivo pues su actitud no tiene justificación aparente. Lo que el observador no vio, es que cada día, durante muchas semanas, el niño de regreso a casa interactúa con este adulto y en cada ocasión recibe menosprecio y burlas de él. La actitud agresiva del niño en el momento observado no tiene justificación inmediata. Sin embargo, existe en el pasado una razón poderosa que sí la justifica, lo que hace que cambie el significado de la conducta.

Tradicionalmente, en nuestra cultura, la agresividad ha tenido un rechazo social generalizado, mientras que, por su parte la defensividad ha sido considerada de manera diferente y no es poco justificado, la primera se tiende a asociar más con la violencia. Llegado a este punto, me parece oportuno esclarecer las diferencias entre la agresividad y la defensividad.

Diferencias entre conducta agresividad y defensiva

AgresividadDefensividad
Mecanismo de imposición por la fuerzaMecanismo de oposición a la agresión
La actitud por lo general tiene su origen en el propio niñoLa actitud siempre tiene su origen fuera del niño
Tiene carácter iniciadorTiene carácter de respuesta
Es de aparición frecuente y sin justificación para la conductaEs de aparición ocasional y siempre hay justificación para la conducta
Denota falta de autocontrol de las emocionesAparece en niños con adecuado desarrollo del autocontrol
Se asocia a baja tolerancia a las frustracionesPor lo general no está relacionada con la tolerancia
Se relaciona con un temperamento débilSe relaciona con un temperamento fuerte
No guarda relación con la valentíaGuarda relación con la valentía
No aceptada socialmente se considera una conducta desajustadaSe considera una conducta adaptativa, con frecuencia aceptada socialmente
Los padres buscan ayuda psicológica frecuentementeLos padres rara vez apelan a la psicología, no intentan modificación de la conducta
Diferencias entre el comportamiento agresivo y defensivo en los niños

Muchas de estas diferencias ya han sido explicadas anteriormente, otras las abordaremos a continuación.

Por lo general, los niños agresivos tienen una marcada dificultad de controlar sus emociones, lo que provoca que actúen de la manera que lo hacen. Tal descontrol no se limita a la ira, sino que por lo general afecta todas sus emociones.

No es extraño que, tras una conducta agresiva en que el niño dio riendas sueltas a su ira, habiéndose dado cuenta de las consecuencias de su actuación, caigan en un profundo arrepentimiento. Los sentimientos de culpa tampoco podrán ser controlados por el niño.

Así mismo es frecuente que no controlen el aburrimiento, el dolor, la alegría y en general cualquier sentimiento o emoción. Su conducta, ante la deficiencia de autocontrol emocional tendrá un marcado carácter impulsivo y descontrolado.

Asociadas a esta característica de los niños agresivos, se derivan otras como la baja tolerancia a las frustraciones. Por lo general he encontrado en mi consulta una coexistencia entre la agresividad y la baja tolerancia a las frustraciones. Frecuentemente los niños que he tenido oportunidad de atender, por el tema que nos ocupa, a lo largo de muchos años, tienen una importante dificultad para aceptar perder.

Y no es que necesariamente tenga que esperarse que a los niños les guste perder, el hecho de no ganar se asocia lógicamente con vivencias negativas y por supuesto que nadie disfruta de ellas. Pero la repercusión de perder en los niños con agresividad, es desestructuraste para su conducta, al extremo de desencadenar la respuesta violenta.

Por su parte los niños con adecuada defensividad por lo general son niños que aceptan de mejor grado las frustraciones. Al tener un adecuado desarrollo del autocontrol, pueden mantener una conducta estructurada que no afecta sus relaciones interpersonales.

Muy frecuentemente se tiende a confundir la agresividad con un temperamento fuerte. Casi todas las madres con hijos aquejados por esta situación se refieren a ellos como que son niños muy fuertes. Nada más lejos de la realidad, la agresividad es expresión de un temperamento débil. Precisamente la dificultad de controlar las emociones y la conducta habla, a todas luces, de una debilidad más que de una fortaleza.

La agresividad es expresión de un temperamento débil Clic para tuitear

Semejanza entre agresividad y comportamientos defensivos

Una semejanza entre la agresividad y la defensividad: ninguna de las dos nace con el niño. Por el contrario, se forman a lo largo de la vida como resultado del desarrollo y en este sentido el papel de la familia como formador es trascendental. No hay agresividad que surja de la nada, es siempre un comportamiento aprendido, así mismo el niño tiene que aprender a defenderse.

No hay agresividad que surja de la nada, es siempre un comportamiento aprendido. Clic para tuitear

Por último, solo me queda señalar un aspecto que no debe ser obviado, la línea divisoria y diferencial entre la agresividad y la defensividad es en extremo delgada. Si la respuesta defensiva del niño es desproporcionada con relación al estímulo que la genera, es cuestionable que tal respuesta sea defensiva. Por tanto, la correspondencia entre la intensidad de la situación y la intensidad de la respuesta debe ser atendida a la hora de determinar si estamos en presencia de una respuesta adaptativa o de una respuesta desajustada.

Ya para terminar, en mi criterio personal, ninguna de las dos actitudes en los niños debe ser motivo de orgullo para nadie. Si bien la defensividad es menos condenable y más justificada, ya el mundo es demasiado violento como para pretender que sea una buena actitud. Lo que es de admirar y de esperar en nuestros hijos es que sean capaces de mantener relaciones cordiales con las personas y el contar con recursos de enfrentamiento que no implique esquemas violentos de respuesta. ¿Qué opina usted?

A %d blogueros les gusta esto: