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Psicología de Omar

El miedo en los niños

El mido en los niños

Para muchos psicólogos el miedo en los niños y adultos nunca es normal, idea que de alguna manera comparto, porque lo agradable es no padecerlo. No obstante, este sentimiento no puede ser valorado por igual en diferentes momentos del ciclo vital de cada individuo.

Por otra parte, sería un tanto descabellado considerar el miedo como algo totalmente anormal. El miedo es, en esencia, uno de los más eficientes mecanismos de defensa de la especie. Sin fuertes garras ni grandes colmillos, difícil debe haber sido el desarrollo filogenético. Si hemos llegamos hasta aquí, en gran medida, puede haber sido gracias al miedo.

Tener miedo no es ser cobarde y no tenerlo no significa ser valiente Clic para tuitear

Todos hemos sentido miedo alguna que otra vez, unos más que otros. Ser valiente significa ser capaz de enfrentar nuestros miedos y vencerles, sobre todo aquellos que resultan irracionales y que afectan nuestra conducta y bienestar.

El miedo en la niñez

Los niños son, de por sí, más vulnerables al miedo. Lo que se asocia, entre otros aspectos, a un limitado desarrollo de la independencia, una rudimentaria comprensión del mundo y una incompleta maduración física y psicológica. Pero el déficit en el desarrollo es normalmente complementado con la función protectora de la familia, especialmente de la madre, la cual garantiza seguridad y estabilidad a la vida del niño lo que actúa como factor preventivo del miedo.

No obstante, a pesar de la eficacia de la protección que reciba el niño, hay algunos momentos en que la aparición del miedo imbricarse en la lógica del desarrollo. Aun cuando el miedo puede aparecer en cualquier momento asociado o no a determinadas experiencias, situaciones y contextos, hay momentos específicos en que los niños están más vulnerables y expuestos la aparición de estos estados.

El miedo en los niños de 2 años

En los niños de 2 años es frecuente la aparición de miedos incomprensibles para el adulto Clic para tuitear

En este período es frecuente la aparición de miedos incomprensibles para el adulto, de carácter muy irracional, miedo a ruidos, a coches, a animales domésticos, a cortinas, techos, etc., objetos que para nada significan amenazas.

Alrededor de los 12 meses de vida aparece la marcha la cual es a mi juicio el mayor logro en la independencia de toda la niñez, pero en los siguientes meses, por su escaso desarrollo siempre habrá un adulto pendiente. Ya para el final del segundo año el dominio adquirido de la marcha permite al niño estar más tiempo solo, alejado los padres.

El nivel de independencia que esto representa, permite al niño entrar en contacto con muchos objetos y fenómenos de la realidad, que ya conocía desde los brazos de la madre y con los cuales ahora puede interactuar con determinada libertad. Esto tiene un impacto muy positivo en su desarrollo, pero los lleva a descubrir que hay un aspecto peligroso oculto en muchas cosas que, a la vista, desde los brazos del adulto pasaban inadvertidas. Así, de forma inesperada, recibe pinchazos, heridas, golpes, ruidos violentos, que lo sorprenden y lo asustan.

Lo descrito ocurre de manera más o menos evidente en todos los niños y trae como resultado el miedo explicado. Para mí ha sido mucho más claro observando a niños ciegos. Al año adquieren la marcha como todos los niños, sin embargo, el déficit de la visión complica sus movimientos y las consecuencias generan un miedo que es capaz de provocar que el niño deje de caminar, para no reanudar la marcha hasta cerca de los dos años.

El miedo en los niños entre los 6 y 7 años

Alrededor de los seis años y medio se forma el concepto real de muerte en los niños. Ya manejaban el término, pero no tenían comprensión de su trascendencia, ni del peligro que representaba para ellos y los suyos. Tal descubrimiento inicialmente genera miedo a la muerte y al daño físico propio. Lo cual dura entre uno y dos meses aproximadamente. Se creen enfermos y creen que van a morir.

Paulatinamente el miedo a morir va cediendo y dando paso al miedo a perder a sus figuras principales de apego (madre y padre). Se tornan muy pendiente de ellos, ¿Dónde están?, ¿Por qué no han llegado?, ¿A qué hora vienen? Rara vez expresan verbalmente el por qué de sus preocupaciones.

A este miedo se asocia el miedo a la oscuridad y el miedo por la noche, que se circunscribe únicamente al interior de la casa. Pueden jugar a los escondidos en los espacios abiertos, pero a la hora de dormir no quieren quedarse solos.

El miedo en la adolescencia

El tercer período en que el miedo es muy frecuente es la adolescencia, la etapa de los grandes cambios, biológicos, psicológicos y sociales. Todo cambia en el adolescente, cambios radicales y muy rápidos. Todo en él está sometido a una transformación drástica.

Lo que cambia no es estable, lo que no es estable no es seguro y la inseguridad y el miedo son compañeros inseparables. Es típico el adolescente tapado con una colcha en medio del verano, no por frío, sino por miedo. Aun cuando esto se puede presentar en ambos sexos, en los varones se ve con mayor frecuencia y por lo general es más evidente dentro del hogar y en las noches.

Cuándo buscar ayuda

El miedo desaparecerá tal como apareció, una vez que desaparezcan las condiciones que lo determinaron Clic para tuitear

Muchos padres buscan ayuda psicológica en las situaciones descritas. No está mal buscar ayuda, pero en mi experiencia, independiente de que la atención psicológica puede favorecer la eliminación del miedo, en estos casos basta con dar tiempo. El miedo desaparecerá tal como apareció, una vez que desaparezcan las condiciones que lo determinaron, o sea, como resultado del propio desarrollo.

Veo mayor necesidad de intervención del psicólogo en casos en que el miedo en los niños no se asocia a estas etapas y que está más en relación con situaciones o experiencias en las que el niño ha estado implicado, o con el uso de métodos educativos violentos.

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