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Psicología de Omar

El niño hospitalizado, afectaciones y consecuencias

Niño hospitalizado

La hospitalización infantil es una decisión habitual en el proceder médico para la investigación y tratamiento de múltiples enfermedades, en la búsqueda de la recuperación de la salud infantil. Un número elevado de niños enfermos requieren ser internados cada año, por períodos más o menos largos. Para ellos, el hospital representa la única alternativa de restablecer su salud, o en el peor de los casos, de prolongar la vida en espera de alguna posibilidad de recuperación. Sin embargo, no por eso deja de ser un ambiente desagradable para el niño hospitalizado.

Los hospitales pediátricos

Cuando en urgencias, el médico decide y comunica que el niño deberá ser ingresado es como si el mundo se hundiese para él. El hospital representa en su imaginación todo lo malo posible y realmente será una experiencia difícil. A pesar de la sensibilidad y profesionalidad del personal de salud, especialmente de los que trabajan con niños y de los adelantos científicos en la medicina, la hospitalización, por lo general, en poco contribuye al bienestar emocional de los niños.

Hechos a imagen y semejanza de los hospitales de adultos, necesitados de áreas de esparcimiento, con un reducido número de metros por paciente como norma y con una medicina principalmente invasiva, frecuentemente los hospitales pediátricos no propician las condiciones más favorables, desde el punto de vista emocional, para la recuperación de los pacientes. Aun cuando en ellos se tomen medidas para evitarlo los niños seguirán viendo al hospital con recelo.

Afectación en el niño consecuentes de la hospitalización

El niño hospitalizado es sometido a un cambio abrupto. Durante este período desaparece el hogar, la escuela, el barrio, los hermanos y los amigos. Se interrumpen las actividades que usualmente solía desarrollar, como jugar, estudiar, el ocio y el descanso y el niño debe asimilar obligatoriamente esta nueva situación. El hospital pasa a ser espacio vital para los niños, por días, semanas o meses.

Estar en el hospital le hace interactuar con muchas personas que no conoce, el doctor o doctores, enfermeras, nutricionistas, laboratoristas, estudiantes, quienes lo tocan, lo examinan y lo someten a intervenciones o maniobras que en ocasiones pueden ser molestas o dolorosas.

A la tristeza que siente el niño, por la ruptura con el ambiente que le es familiar, se une el aburrimiento, por estar en un medio pobre en estímulos, con un ritmo monótono y repetitivo. Los horarios, en la mayoría de los hospitales se establecen atendiendo casi exclusivamente a las exigencias de atención a la enfermedad, con frecuencia necesidades fundamentales de los niños no constituyen prioridades.

En la hospitalización se unen tres fuentes principales de sufrimiento para el niño:

  1. El malestar característico de la enfermedad.
  2. La propia hospitalización con sus condiciones impuestas que recuerdan el castigo.
  3. El carácter agresivo de muchos de los tratamientos a los que el niño, o sus compañeros de sala, están sometidos.

Cuando una enfermera entra a un cubículo con una jeringa en la mano se asustan y lloran todos los niños, aunque solo uno será pinchado.

Consecuencias emocionales de la hospitalización

La hospitalización en los niños menores de tres años, usualmente provoca inquietud, irritabilidad, inapetencia, regresiones, ansiedad de separación. En niños mayores de esa edad las vivencias son más complejas.

En mi experiencia de 23 años de trabajo asistencial e investigativo en un hospital pediátrico, pude constatar, que los sentimientos más frecuentes en los niños hospitalizados son:

  • Alto nivel de ansiedad.
  • Ira e impulsividad.
  • Temores e inseguridad
  • Intranquilidad e irritabilidad
  • Aburrimiento
  • Dependencia marcada de los padres
  • Preocupaciones.
  • Desmotivación y pesimismo
  • Depresión con baja intensidad
  • Caras de tristeza e inexpresividad

En la totalidad de los niños, estos síntomas se incrementan ante la inminencia de los tratamientos. Por su parte, los sentimientos y emociones positivas resultan en extremo escasas, y se asocian fundamentalmente con motivaciones y gustos improcedentes en la situación hospitalaria, a eventos del pasado, previo al ingreso y a la posibilidad del alta.

La compañía de la madre

Algo que debe resaltarse asociado a las vivencias del niño, es la pérdida o disminución de la función protectora en la madre, lo que provoca un sentimiento de indefensión que refuerza los demás síntomas. Habitualmente cuando el niño está en problemas, corre a donde está su madre, con ella se siente seguro. Sin embargo, el niño percibe que, ante el personal de salud, su madre no puede hacer nada para defenderlo.

Es tal el valor señal negativo que con frecuencia tienen muchos hospitales para los niños, que en la hospitalización por lo general se neutraliza la capacidad de adaptación, la afectación emocional de los niños como consecuencia de la hospitalización se incrementará en la misma medida que esta se prolonga.

Causas que provocan sentimientos negativos en los niños

Aunque de alguna manera ya he hablado de las causas que provocan sentimientos negativos en los niños durante su estancia en el hospital estas pueden resumirse en:

  • Cambio en las condiciones habituales de vida y desarrollo, que incluye, las comodidades de su casa, seres queridos, amigos y condiciones habituales vida y de juego.
  • Alejamiento del medio escolar con las consecuencias asociadas en el aprendizaje, que pueden llegar a la pérdida del grado, la desmotivación y deserción escolar y lo que esto acarrea.
  • Pobre estimulación, monotonía del régimen hospitalario y las limitaciones propias de este medio que recuerdan el castigo.
  • Agresividad de los tratamientos a que son sometidos él y sus compañeros de sala. En muchas enfermedades las curas y los tratamientos son más dolorosos y atemorizantes para los niños que la propia enfermedad.
  • Sufrimientos que se derivan de la propia enfermedad que padece el niño. Ver artículo sobre el niño enfermo.
  • Pérdida de la función protectora de la madre.

La hospitalización del niño también afecta a los familiares

En la hospitalización no solo se ve afectado el niño, sino también sus familiares, ellos tendrán que afrontar dificultades de diferente índole, que convierten esta experiencia en tan amenazante para los padres como para los niños.

Los padres con frecuencia intentan distraer a los niños en el hospital y en ocasiones lo logran, pero contra estos intentos conspiran las condiciones de la hospitalización a las que ya nos hemos referido, el agotamiento propio de su función de acompañante y las múltiples preocupaciones que ocupan su mente.

Los padres, en su mayoría, experimentan mucho miedo en relación con la enfermedad de sus hijos e inseguridad, temen a lo que les depara el futuro, sufren con cada prueba y con cada tratamiento. También ellos están privados de sus comodidades habituales y con frecuencia tiene incertidumbre sobre el tiempo que deberán estar en tal condición. Lo cual los llevan a experimentar estados emocionales desfavorables que son transmisibles al niño.

A pesar de todo ello, sus intentos por alegrar al niño son válidos y loables y su presencia insustituible.

Recomendaciones para los padres con niños hospitalizados

  • Compartir el cuidado del niño entre varios miembros de la familia. Es fundamental evitar el agotamiento del cuidador para facilitar su función estimuladora y evitar la monotonía en la estimulación. Esto es válido sobre todo en pacientes de larga estadía.
  • Son recomendables actividades y juegos pasivos compartidos. Los cuentos, las lecturas, el dibujo, el origami y hasta tal vez algún rompecabezas o puzzle puede ser de utilidad.
  • Pedir toda la información posible sobre la situación de su hijo y compartirla con otros adultos de la familia. No es recomendable ocultar o guardar para sí información sensible.
  • Preocuparse por la propia alimentación y descanso del cuidador. Estos aspectos contribuyen a mantener la salud del cuidador y su capacidad de continuar el cuidado del niño.
  • Centrarse en el cuidado de su hijo. Asumir los problemas de otros niños hospitalizados como propios suele ser devastador para cualquier persona. Esto no contradice estar dispuesto a ayudar a otro niño o cuidador que lo necesite.
  • Dar participación en el cuidado del niño a personas jóvenes de la familia, con las cuales el niño tenga relación y que no estén especialmente afectadas, para variar temas de conversación e influencias.
  • Trazarse como tarea, si el estado del niño lo permite que el mismo ría más veces de las que llora.

Hacer que el niño se sienta bien es contribuir de manera importante al enfrentamiento de su enfermedad y al cuidado de la salud. Las emociones positivas y de hecho el bienestar, están relacionados con la producción de salud, de la misma forma que las negativas y el malestar se asocian a la aparición y el empeoramiento de enfermedades.

Lamentablemente, en la literatura científica, el mejoramiento del bienestar emocional de los niños no se reporta como función de ninguna de las especialidades con las que cuentan los hospitales, ni siquiera es función oficial de los psicólogos que en ello laboran, aun cuando en muchos países como Cuba, México, Chile, entre otros, es preocupación creciente. En España se ha decretado el día 13 de mayo como “El día del niño hospitalizado” y en todo el mundo, en especial en nuestra América, desde la segunda mitad del siglo pasado, muchas fundaciones, personalidades e investigadores, trabajan y aportan para el beneficio de los niños hospitalizados.

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