Saltar al contenido
Psicología de Omar

Las etiquetas en los niños y sus efectos

Las etiquetas en los niños

A la par que han ido apareciendo nuevas enfermedades o alteraciones psicológicas, la comunidad científica ha ido perfeccionando los diagnósticos y creando glosarios de clasificaciones, que se renuevan y enriquecen cada cierto tiempo. Desde hace mucho, son varios los profesionales y científicos que se preocupan por el uso desmedido de esos diagnósticos, sobre todo cuando a niños se refiere. A este particular se refieren como el peligro de etiquetar al niño (ponerle etiquetas).

El desarrollo es diferente en cada niño

La personalidad no nace con el individuo, sino que se desarrolla a lo largo de la vida y el nivel de desarrollo que permita hablar de una estructura conformada no se alcanza antes de terminada la adolescencia. Durante toda la niñez el psiquismo del individuo y la propia personalidad están en un proceso de formación y cambio constante, por lo cual los niños no son estables en sus caracteristicas, sin embargo esto no resulta suficiente para evitar que en ocaciones se les pongan etiquetas.

Por demás, aun cuando algunos psicólogos han pretendido periodizar el desarrollo, lo cierto es que este fenómeno, es tan singular como el hombre mismo, a pesar de que muchas adquisiciones se ajustan a la cronología del desarrollo biológico. Lo que en ocasiones un niño logra en un momento determinado, otro puede que lo logre más tardíamente, no haberlo aduirido en tiempo no significa que no podrá hacerlo.

Tal característica del desarrollo humano complica un poco la clasificación y mucho más la predicción, en tanto las dificultades que puede presentar un niño en un momento específico de su ciclo vital, pueden ser superadas aceleradamente en un momento posterior.

El desarrollo no es un fenómeno único, con un carril estrecho, con curvas y rectas bien delineadas. Es un torrente de cambios constantes en el que cada niño puede ser, en diferentes momentos y contexto, un niño diferente. He ahí uno de los muchos aspectos que hacen complejo el diagnóstico psicológico en niños. Cualquier medición implicará un margen más o menos estrecho de error y cualquier predicción puede ser equívoca.

Riesgos de un mal diagnóstico y etiquetas inadecuadas

Sin embargo, es tarea no poco frecuente de los psicólogos y de los psiquiatras diagnosticar a los niños, y es necesario, en tanto solo habiendo detectado y precisado el estado que presenta el niño, se podrá definir una conducta para resolver o compensar las afectaciones o características o conductas que presenta.

Por ejemplo, un niño que presente necesidades educativas especiales, si no se le garantizan las mismas, tanto en el hogar como en la escuela, funcionará como un niño víctima de sobre estimulación. Pero ¿qué pasaría si antes de tiempo o sin todos los elementos, se etiqueta al niño con un diagnóstico no adecuado?

En ese caso todo el sistema de influencia se moverá en función del diagnóstico y tendremos una estimulación inadecuada, que lejos de ayudar, aumentaría el riesgo de afectaciones al desarrollo. Los especialistas lo saben, y por eso suelen ser en extremo cuidadosos, evitando marcas que puedan afectar al niño.

Un diagnóstico erróneo puede marcar negativamente la vida de un niño y también la de su familia. Pero el colgar etiquetas al cuello de los niños no es mayoritariamente un mal que se pueda adjudicar a los especialistas. La propia familia, los adultos (vecinos, amigos) son los que más frecuentemente lo hacen.

La etiquetas a que me refiero son calificativos que se atribuyen a un niño, de manera estable por las personas de su entorno o especialistas que atienden su salud mental o su educación y que lo tipifican de una manera determinada, por lo general desventajosa, aunque pueden ser positivas. Pueden ser actitudes generalizadoras de la conducta o caracteristicas del niño. Por lo general las etiquetas tienen efectos dañinos para los niños, aun las que tengan caracter positivo.

Intranquilo, pesado, sangrón, bueno para nada, agresivo, bruto, torpe, holgazán, tonto y otros muchos calificativos son utilizados con frecuencia para clasificar los niños y no precisamente de manera ocasional o como broma.

Efectos de usar etiquetas

Este tipo de prácticas, poco éticas, y en ocasiones crueles, ejerce influencia tanto en el propio niño como en las personas del contexto.

Efectos en el niño

Al niño le puede provocar sentimientos muy negativos, vergüenza, ira, tristeza, sentimientos de minusvalía, odio hacia las personas, entre otros muchos, pero no considero que este sea el mal mayor.

La auto-valoración se conforma mediante un proceso de interiorización, en el que la condición primaria es la valoración externa, o sea la valoración de los demás. A fuerza de repetición de una evaluación externa desfavorable el resultado en la conformación de la autovaloración puede ser muy negativo y como la autoestima está estrechamente vinculada a la autovaloración, esta se verá también afectada.

Efectos en su entorno

Por otra parte, las etiquetas también repercuten en el contexto directo del niño, sobre las personas que lo rodean y en los grupos sociales en el que la familia juega un papel central, aunque no único. Las personas reaccionan de múltiples maneras a las etiquetas que portan los niños. Pueden aparecer desde sentimientos de lástima con las conductas a ella asociadas, hasta situaciones de rechazo, que incluso aun siendo contrarias pueden en algunos niños coexistir.

Si bien es recurrente la imagen de la madre que siente lástima por su hijo rechazado por otro miembro de la familia y etiquetado como desobediente, estereotipo bastante difundido y aceptado, pero no siempre real; o del niño que en la escuela, un maestro etiqueta de bruto y torpe y que primero los demás niños y luego los maestros de años posteriores lo tratan y atienden en función de la etiqueta, más que de sus reales esfuerzos por aprender.

El sistema de influencias, las exigencias sobre el niño, las expectativas, están en muchos casos atadas a la repercusión de las etiquetas que a él le han impuesto lo que estrecha o limita la gama de posibilidades y en ocasiones hasta la intensidad del desarrollo.

Si se suman ambos efectos las posibilidades de un niño que ha recibido desde pequeño una etiqueta estarán muy menguadas y sus condiciones internas condicionadas por la propia etiqueta, encontrarán las condiciones externas viciadas, nesesarias para conspirar por el inevitable cumplimiento del maléfico vaticinio.

Recomendaciones a la familia

Por tal razón se impone la necesidad a este autor de dejar una pocas y claras recomendaciones.

  1. No ponga etiquetas nunca a un niño. El desarrollo es mucho más rico que lo que cualquier persona pueda imaginar y lo que es hoy, no tiene por qué seguir siéndolo mañana y siempre, sobre todo en los niños, ellos cambian.
  2. Debe estar pendiente e identificar cuando se está etiquetando a su hijo. Poner etiquetas es una conducta bastante frecuente en las personas que puede incluso disfrsarse de broma, pero suele ser muy dañina para los niños.
  3. No permita que sus hijos sean etiquetados. Aliéntelos a ser mejores, a demostrar que pueden ser diferentes cada día, ayúdelos a crecer.
  4. Nunca se solidarice con etiquetadores de niños. Ni el estatus, ni el poder, ni la sabiduría, dan derecho a nadie a etiquetar a los niños, nunca apruebe la conducta de quien lo haga.
  5. No sea vocero para compartir o difundir etiquetas. Arranque todas las etiquetas que pueda a cuantos niños conozca, no contribuya a publicarlas.

Ninguna etiqueta es buena para un niño. No lo merecen.

A %d blogueros les gusta esto: