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Psicología de Omar

Fin del curso escolar, los exámenes finales

Niños en exámenes finales

Cada año escolar tiene como colofón los exámenes finales, determinadas pruebas por asignaturas que acreditan que los alumnos han vencido los objetivos propuestos para un curso específico y que por tanto están en condiciones de avanzar hacia grados superiores.

En especial para los niños y adolescentes genera tensión, el ser evaluados, por lo que en esta etapa final aumenta mucho estrés, el cual se transmite a la familia, sobre todo si el niño se encuentra en un grado terminal, en el cual los exámenes garantizaran el paso a una nueva enseñanza.

Lo bueno y lo malo de los exámenes finales

Los exámenes son, por excelencia, los instrumentos evaluativos con que cuenta el maestro para comprobar los conocimientos y habilidades alcanzadas por sus alumnos y tienen la ventaja, sobre otros métodos, de que en ellos queda una evidencia verificable del resultado alcanzado por los discípulos en el ejercicio.

No obstante, muchas personas, incluido maestros, ven grandes limitaciones en esta forma de evaluación. Entre otras muchas razones, porque estimula a los estudiantes a prepararse solo en función de ellos y no en aras de la obtención de un conocimiento sólido.

Aún recuerdo este efecto en mi vida estudiantil, en muchas asignaturas, incluso los alumnos que obtuvieron sobresaliente en un examen, dos meses después ya muchos de ellos no recordaban nada de una buena parte del contenido evaluado.

Por otra parte, una simple equivocación puede afectar el resultado de todo el año, con frecuencia los maestros se sorprenden con magníficos resultados, en alumnos que ellos saben que no han sacado el mejor provecho de la materia estudiada, y lo que es peor, con resultados cuestionables en alumnos con alto rendimiento durante todo el periodo.

¿Por qué son estresantes los periodos de exámenes y pruebas de fin de curso?

En una situación como las pruebas de fin de curso, aunque lo mismo puede ocurrir en exámenes parciales, es lógico que los estudiantes se tornen tensos. Entre los pacientes que he atendido en consulta por esta razón, son comunes un grupo de factores que hacen difícil el período de exámenes:

  • La falta de hábitos de estudio. Si no hay conocimientos sólidos, no hay seguridad en lo que se sabe y la inseguridad se traduce en ansiedad y alteración ante el examen.
  • Métodos de estudio no adecuados. Muchos estudiantes son finalistas, no realizan un estudio sistemático e intentan apoyarse demasiado en la memoria, lo que genera problemas similares al aspecto anterior.
  • Las características del examen y del estudiante. Cada niño es diferente, unos son muy comunicativos, otros no lo son tanto, para un niño tímido, introvertido e inseguro el ejercicio del examen puede ser una experiencia extrema.
  • Las características del examen. Si es oral o escrito, el tiempo de duración, el número de preguntas que contenga. Los exámenes orales suelen ser muy estresantes para algunos niños.
  • Las características de la asignatura. Algunas asignaturas suelen ser más difíciles que otras para algunos niños y otras son difíciles para todos.
  • Las características del contenido a evaluar. El contenido puede ser muy extenso y complejo. Con el desarrollo de la educación y de las tecnologías a ella asociada, cada vez el volumen de contenido a evaluar en los exámenes es más grande, lo cual preocupa a los estudiantes.
  • Las características del maestro o profesor y sus métodos. Profesores en extremo severos pueden generar mayor inseguridad en algunos niños y a esto se adiciona que con relativa frecuencia los profesores amenazan a los alumnos con los exámenes.
  • La suerte puede influir en el resultado. Siempre hay un porcentaje de suerte en cómo se sale en un examen, depende de que lo que salga en él, eso también lo hace perturbador.
  • Las características educativas de la familia. Familias muy exigentes, en las que se le presta mucha atención al estudio de los niños, pueden aumentar en ellos el temor al fracaso.
  • El temor a desaprobar. El temor al fracaso, aunque todos los factores expuestos están relacionados con él, puede ser en sí mismo un motivo de angustia para algunos niños.
  • La falta de capacidad. Cuando el nivel de exigencia, de los contenidos a evaluar, están por encima de las capacidades reales de aprendizaje del niño, el examen se convierte en una experiencia agobiante.

Incidencia de estos aspectos en el bienestar del niño

La llegada de los períodos de exámenes puede, en algunos niños, provocar rechazo escolar, sobre todo en los primeros grados. Los niños y también los adolescentes, asociado a los exámenes pueden sentir: inseguridad, presión, nerviosismo, preocupaciones, temores al mal desempeño o fracaso, sensación de no dominar el contenido.

Es normal que estos sentimientos se presenten en alguna medida y pueden ser los que provoquen la movilización de toda la energía que el niño necesita para su preparación. Pueden aparecer pensamientos negativos recurrentes, pensar que va salir mal, que va a ser castigado, que sus padres dejaran de quererlo si sale mal.

Si se presentan estados de agotamiento, ansiedad y depresión, afectaciones del sueño o de los hábitos, puede que el estrés esté desbordando la capacidad de enfrentamiento del niño y en tales casos puede presentarse alteraciones de la atención, la memoria y bloqueo del pensamiento que disminuyan su desempeño en el examen. Situaciones de este tipo raramente se presentan y cuando ocurren, la familia debe buscar ayuda especializada.

No obstante, a pesar de todo, los niños se han acostumbrado a los exámenes, en tanto estos son parte indisoluble e inevitable de los estudios y la mayor parte de ellos rebasa esta etapa sin daños mayores.

11 consejos a los padres para los exámenes finales de sus hijos

Recomendaciones a la familia para el enfrentamiento a los exámenes por parte de los niños:

  1. Estimular hábitos adecuados de estudio en los niños desde los primeros grados. A crear hábitos adecuados de estudio se comienza desde el mismo inicio del niño en la escuela, lo cual favorece una verdadera atracción hacia el conocimiento y facilidades para el aprendizaje.
  2. Organizar el tiempo del niño garantizando la sistematicidad del estudio y respetando los horarios de ocio. Los horarios de las rutinas diarias deben estar planificados, tareas escolares y estudio no pueden ser relegados a la noche cuando ya el niño tiene sueño, así mismo debe velarse por no afectar los necesarios horarios de ocio. (Lea el artículo ya publicado en el blog sobre la necesidad del ocio en los niños).
  3. Crear condiciones materiales mínimas que faciliten la concentración y motivación por el estudio. Aun cuando en el hogar no haya mucho espacio debe definirse cuál es el lugar y las condiciones para que el niño estudie y garantizar que sea funcional y facilite su concentración.
  4. Los adultos deben ser partícipes de las actividades de estudio y relacionadas con él. La definición de los horarios, los espacios, las propias actividades de estudio no deben ser responsabilidad sólo de los niños sino funciones compartidas con los adultos, así mismo los padres deben revisar los cuadernos y acercarse sistemáticamente a los maestros.
  5. Elogiar la responsabilidad en los estudios y tareas escolares. Reconocer las acciones que en el niño denotan algún grado de motivación o responsabilidad con el estudio y la escuela.
  6. Estimular la seguridad del niño. Restar valor a los errores, aun cuando estos deben ser identificados y reconocidos y resaltar los aciertos en el aprendizaje.
  7. Desmitificar los exámenes. En ocasiones los niños a pesar de haberse preparado durante todo el curso, muestran temor a ser evaluados, en estos casos es recomendable restar valor al examen.
  8. En los períodos de examen priorizar en lo posible el estudio, pero sin desatender otras actividades. También es importante mantener un tiempo para el ocio del niño, una exagerada carga de estudios puede afectar emocionalmente al niño y afectar su desempeño en el ejercicio del examen.
  9. Respetar los horarios de sueño del niño. No es recomendable agregar falta de sueño al estrés propio de la situación.
  10. Premiar los esfuerzos más que el resultado. Más importante que obtener una calificación alta es haberse esforzado y estudiado de manera adecuada. Las buenas notas no siempre implican buenos regalos.
  11. Evitar el uso de métodos educativos violentos. Asociar el estudio a una situación desagradable o cualquier tipo de castigo puede ser contraproducente para la motivación por estudiar. Lea los artículos ya publicados sobre los métodos educativos violentos y sus efectos. Los niños no deben ser castigados por obtener pobres resultados.

Los exámenes pueden ser suspendidos y esta es una experiencia lamentable para los niños. Pero debo señalar que el único que seguro no desprueba nunca es el que no va a la escuela. Los que estudian pueden suspender, esa posibilidad siempre estará presente y cuando suceda el niño deberá aprender de los errores, necesitará probablemente ayuda de la familia para sobreponerse y deberá prepararse mejor para nuevas convocatorias y en lo sucesivo para otros exámenes.

Recuerdo que cuando era joven un viejo amigo decía que lo que más le gustaba de los exámenes era que después de ellos venían las vacaciones, pero ese será tema para un próximo artículo.

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