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Psicología de Omar

El niño es igualito a…

Niño igualito a su padre

Son incontables las veces que he escuchado frases como: “el niño es igualito a su padre”, “igualito a su madre”, “ese es hijo de su padre”, “ese es tu hijo” o incluso el refrán “de tal palo tal astilla”, en ocasiones dicha a terceros, en otras al propio niño. En este artículo no me referiré a cuando la comparación es sobre los aspectos físicos, por ejemplo, cuando la gente ve a un bebé y le dice que es “igualito a su papá” o “tiene los mismos ojos de la mamá”, sino a cuando ya el niño, no tan pequeño, comienza a ser comparado en razón a su conducta.

Esta puede tener comúnmente dos significados, en dependencia del contexto en que es usada y del tono con que sea dicha.

La comparación como elogio

Si la comparación aparece en momentos en que el niño hace algo aceptado y el tono es amoroso, estaremos en presencia de un elogio supremo. Aunque en su esencia este tipo de comparación denota más la añoranza por la pareja, que el propio estímulo a la conducta del niño.

De esta forma, es frecuente que se pronuncie esta frase cuando el progenitor a que se hace referencia no se encuentra presente y su pareja lo extraña. Se ve comúnmente en padres fallecidos o distantes temporalmente. Aunque puede ocurrir, rara vez se escucha cuando el progenitor convive cotidianamente. No obstante, independientemente de la intención, en este caso, la frase dicha representa un elogio y  estimula la conducta del niño.

La comparación como crítica

Cuando la conducta del niño que genera la comparación, “igualito a su padre” o “igualito a su madre”, puede significar la peor de las censuras y por lo general es una mezcla de crítica al niño y a la pareja y/o una desesperada búsqueda de un culpable para salvar la responsabilidad propia con la conducta desajustada del niño.

Si el niño es igualito a su padre por las conductas desacertadas, entonces la responsabilidad educativa de quien la emite, disminuye ante una causa de peso mayor. O sea, se libera la responsabilidad de los demás adultos con la conducta específica o la educación en general. Aunque no siempre la intención es quitarse la responsabilidad, en muchas ocasiones frases de este tipo, consecuentes de una actitud pesimista, es utilizada inconscientemente para ocultar la incapacidad de encontrar modos efectivos para controlar la conducta del niño.

Una mirada profunda a la situación puede revelar que la conducta que generó la aseveración, o la actitud del niño, no son, para nada, similares a las actitudes y conductas que el patrón referido manifiesta. Aunque en otros casos realmente sorprende la gran similitud.

En mi consulta han sido incontables los casos en que el adulto acompañante o uno de ellos utiliza la expresión referida. En otros casos después de una larga entrevista exploratoria en la que poco o nada se ha podido encontrar que pueda ser entendido como causa generadora del motivo de consulta, al preguntar al entrevistado si esa conducta o actitud del niño puede observarse en otros miembros de la familia, la respuesta no se hace esperar: “lo que pasa es que el niño es igualito a …”

Muchas dudas atrapan al observador: ¿y si es así, por que llevar al niño a consulta y no al progenitor? ¿Por qué, si esa persona es así, fue elegida como pareja? ¿Por qué decidieron tener hijos si no estaban conformes con las actitudes o conductas de su pareja?

De cualquier modo, el especialista debe ser en extremo ético y muy cuidadoso, pues en algunas ocasiones, estas dudas, preferiblemente deberán permanecer en su cabeza. En mi experiencia, intentar aclararlas, precisa de una sutileza extrema en el tacto y una expresa e incuestionable posición de ayuda que sea claramente perceptible por la persona.

La herencia, no es una copia fiel del original

Ser igualito a sus progenitores, no es en modo alguno, ni debe ser entendido como un defecto, por supuesto que los hijos se parecen a los padres, y el parecido desborda las características físicas. Igual que se heredan el color de los ojos, la estatura, la pigmentación de la piel, el cabello; así mismo se heredan muchos atributos psicológicos que matizan la conducta: los afectos, las cogniciones y la voluntad, actitudes y formas de reacción.

Parecerse a los progenitores, debe ser motivo de orgullo y de satisfacción, ser como esa persona no debe ser tan malo, cuando en algún momento, a pesar de los defectos, se eligió esa persona para formar una familia. Muchas veces los defectos que hoy se encuentran fueron considerados virtudes, cuando tiempo atrás eran filtrados por sentimientos como el amor y la admiración.

Por otra parte, los niños se parecen o se pueden parecer a sus padres, pero eso, para nada significa que sean “igualitos”. A la par del parecido con los padres hay otros parecidos no heredados biológicamente, a sus amigos, a sus grupos, a su tiempo, y con esos parecidos conviven las diferencias que limitan el parecido e impiden los igualitos.

Cada niño va estructurando su yo, en relación a un entorno, una experiencia, una influencia de la cultura y un momento, que son únicos e irrepetibles.

Por eso el parecido y no la igualdad. Aun cuando la forma puede ser similar, el contenido es único e individual, patrimonio construido por el propio niño en el marco de influencia de la familia, los amigos, la escuela y la comunidad, entre otros muchos factores.

Conclusiones

  • Ningún niño es igualito a nadie, aun cuando sí se le parezca, no hay igualdad absoluta posible, cada niño es único.
  • Que el niño se parezca a alguien, no quiere decir que repita la historia, el patrón y quien lo imita tienen experiencias de vida desiguales que imponen historias diferentes.
  • El parecido a … no es garantía de que se reproduzcan las virtudes o los defectos del patrón.
  • La herencia no es condición suficiente para justificar los aciertos o desaciertos educativos, la biología garantiza sólo la potencialidad para el desarrollo en cualquier sentido, la educación determina el sentido del desarrollo.
  • Catalogar de igualito a …, de alguna manera es etiquetar al niño y de esta forma predisponer a que se reproduzcan determinadas conductas, lo cual puede ser muy bueno, cuando la comparación constituye elogio o muy malo, cuando implica una crítica.

Recomendaciones

Primaria o Básica:

  • Cuando seleccione pareja para formar una familia tenga en cuenta, no sólo, ni principalmente, sus atributos físicos externos, sus hijos heredarán también muchas de las particularidades psicológicas de la pareja elegida. No gana nada con elegir mal para lamentarlo después.

Otras recomendaciones:

  1. No ponga etiquetas a los niños, considerarlos igualitos a alguien ni es justo, ni es real. Consulte el artículo ya publicado Las etiquetas en los niños y sus efectos.
  2. Use la frase “igualito a…” solo si va a elogiar virtudes nunca para señalar defectos.
  3. Porque el niño se parezca a alguien que usted no considera una buena persona, no asuma que todo está perdido ni renuncie a educarlo de manera adecuada.
  4. Aun cuando le parezca a usted que su hijo es igualito a una bella persona, no se confíe. El que él lo sea también, en buena medida, dependerá de la educación que usted le garantice.
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