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Psicología de Omar

Mi hijo llora por todo, ¿qué hago para evitarlo?

Niño llora por todo

El principal medio empleado por el niño para comunicarse en los primeros tiempos del ciclo vital es el llanto. Llorando, el niño comunica que tiene hambre, sueño, malestar, aburrimiento, necesidad de cambio de postura, que está sucio u orinado. En fin, un sinnúmero de contenidos que, si bien todos se comunican por el llanto, el mismo asume una variabilidad en el tono y la forma, lo que permite a la mamá identificar, con estrecho margen de error, lo que está reclamando el niño. En este período esta conducta es entendible y muy rara vez la madre se plantea “mi hijo llora por todo”.

La necesidad de comunicar sus estados se presenta en los niños desde los primeros momentos de la vida, cuando aún ni por asomo existe el lenguaje ya el niño precisa comunicarse con su mamá para trasmitirle sus necesidades. El dominio del lenguaje como forma de comunicación demora en ellos alrededor de 2 años, a esa edad los niños pueden expresar con mayor o menor claridad lo que sienten o lo que quieren.

Ya entre los 24 y 30 meses, el niño debe sustituir paulatinamente el llanto de bebé por el lenguaje como forma más compleja de comunicación, que amplifica exponencialmente las posibilidades de intercambio con los adultos. Esta sustitución ocurre gradualmente, mientras el lenguaje se utiliza para expresar nuevas necesidades de tipo secundarias en el niño, el llanto sigue siendo, por un tiempo, la vía fundamental de expresión de las necesidades primarias.

Es en extremo frecuente que niños, en estas primeras etapas de la vida, se tornen muy majaderos y llorones cuando tienen sueño, lo cual es perceptible incluso por personas que no tienen demasiada relación con él. Hacen una crisis de excitación para luego sumergirse en una inhibición profunda que garantice una adecuada profundidad en el sueño. Esta es una conducta por completo normal.

Sin embargo, en algunos niños el llanto habitual no se limita a esta causa, sino que acompaña casi cualquier intento de comunicación con los adultos, en especial con la madre, lo que en ocasiones se torna insoportable para la familia. Todo lo piden llorando y por más que le dicen que no llore, el llanto se mantiene incluso después de el niño haber cumplido 4 años.

Diferencias entre las rabietas y el niño que llora por todo

La familia debe saber diferenciar entre la perreta o rabieta y el llorar por todo. La primera, invariablemente, es un mecanismo de imposición o de lograr algo que previamente se le ha negado, por lo general ocurre solo con los adultos y el llanto tiene un volumen e intensidad muy elevados.

En el llorar por todo, el llanto es mucho menos intenso, se asocia a casi cualquier comunicación o solicitud de atención del niño, en cosas tan elementales como pedir agua para beber. Esta forma de llanto puede con frecuencia presentarse no solo en la comunicación con los adultos, sino que igualmente puede mostrarse cuando el niño se comunica con otros niños.

En ambos casos, la rabieta y el llorar por todo, por lo general no se observan lágrimas.

Causas que provocan un niño llorón

El llorar por todo no se asocia a la intención de violar normas familiares, imponerse, o ganar algo. Tampoco es sinónimo, como en ocasiones se piensa, que el niño tiene problemas, que es un niño muy sufrido, que está deprimido o que sencillamente es infeliz.

Esta molesta expresión de los niños, es sencillamente el resultado de que el niño no logra una adecuada sustitución, en tiempo, del llanto como forma de comunicación por el lenguaje como forma más eficiente.

Desde muy pequeño el niño se acostumbró a que cuando llora los adultos lo atienden y satisfacen sus necesidades. Esto tiende a provocar un reforzamiento del llanto que, en algunos casos, hace que el mismo se mantenga, aun cuando ya el lenguaje cumple a cabalidad su función.

No es poco frecuente que situaciones de este tipo se presenten en los niños. Si bien en mi consulta no es común que este problema se presente como motivo de solicitud de atención, sí los padres lo refieren como parte de sus preocupaciones por el normal desarrollo del niño. Especialmente lo hacen entre los 2 y los 5 años del niño, rara vez con posterioridad a estas edades.

Por lo general este tipo de actitud genera burlas de los familiares hacia el niño y sentimientos de lástima, fundamentalmente en las madres, también genera impotencia y desespero en los adultos cuya tolerancia al llanto va disminuyendo con el crecimiento del niño, incluso hasta el extremo de provocar el uso de métodos educativos violentos, fundamentalmente regaños, críticas y comparaciones desventajosas, aunque he conocido de casos que llegan a la violencia física.

Rara vez estas reacciones, de los adultos surten el efecto deseado y en consecuencia la paciencia y la tolerancia siguen en decrecimiento progresivo, y en consecuencia se agudizan las reacciones descritas.

Aclaraciones pertinentes sobre el llanto en los niños

Llegados a este punto me gustaría ser más explícito en algunos aspectos relacionados con el llanto en los niños.

¿Se trata de que los niños no pueden llorar?

Para nada, el llanto sigue y seguirá teniendo durante toda la niñez e incluso en la vida adulta, una importante función comunicativa de la afectividad en las personas. Llorar es normal, siempre será una forma válida de expresión de tristeza o dolor, pena o vergüenza, ayuda a que las personas descarguen sus emociones y en tal sentido disminuye el sufrimiento. Llorar en determinadas situaciones puede hacer más bien que mal. No es síntoma de debilidad y los niños, claro está, pueden hacerlo.

¿Debe ser diferente la tolerancia de la familia con el llanto del niño en dependencia de su sexo?

Tampoco. Aun cuando perduran, en muchos de nuestros espacios, posiciones machistas que dicen que los varones no lloran, estas consideraciones, por suerte, van siendo cada vez menos frecuentes, los niños tienen igual derecho a llorar que las niñas. Los hombres también lloran y eso no disminuye su hombría ni afecta su sexualidad.

Nadie debe pretender que sus hijos varones sean personas insensibles. Educarlos como hombres no debe nunca estar en contradicción con que sean buenas personas, capaces de sufrir por ellos y por los demás.

Aun cuando en este artículo, de alguna manera, atraemos la atención sobre el llanto de los niños para eliminarlo, nunca pretendemos que la familia intente que los niños no lloren, que pierdan su capacidad de hacerlo. Nuestro objetivo está únicamente centrado en ese llorar por todo, que en ocasiones se torna en una verdadera molestia.

El propósito debe ser que el niño mejore el control de sus emociones, nunca que se haga inmune a ellas, no importa el sexo del mismo.

Hay muchas situaciones en que es totalmente normal que el niño llore, sería absurdo tratar de mencionarlas todas, pero ante el sufrimiento, ante el dolor, ante el arrepentimiento por algo que no estuvo bien, ante la pena, es totalmente normal y justificado el llanto, alegrémonos cuando en situaciones de este tipo los niños lloran, peor sería que no lo hiciesen.

El llamado es a tratar de controlar la costumbre de llorar por situaciones que no lo justifican, el llorar, por tres razones, debe ser eliminado: por todo, por gusto y por nada. Educar al niño en renunciar al llanto para la comunicación normal y sustituir esta por el uso del lenguaje.

¿Cómo hacer que el niño deje de llorar por todo?

Hace poco en mi consulta una madre me explicaba que en su casa había un orden bien establecido para las cosas, se duerme en las habitaciones, se come en la mesa y se llora en el rincón de llorar. Había seleccionado, desde que su primer hijo era pequeño, un lugar relativamente apartado para llorar por gusto, sin molestar a nadie ni a la dinámica normal de la familia.

Su medida le había sido, según me refirió, muy efectiva, pero aun cuando no dudo de su efectividad no creo, sinceramente, que sea necesario llegara a tanto. Basta con cumplir invariablemente cuatro recomendaciones muy sencillas, pero que deben ser cumplidas estrictamente por todos los adultos que se relacionan con el niño.

  • No hacer caso a lo que dice el niño llorando.
  • Decirle al niño que no se puede entender lo que dice porque está llorando.
  • Pedirle que lo diga sin llorar.
  • Actuar en correspondencia con lo que dice o quiere el niño una vez lo diga de la manera correcta.

Los niños aprenden con mucha facilidad. Sí se cumple estas recomendaciones, en muy pocos días, el niño dejará de llorar por todo y usted podrá estar más tranquilo.

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