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Psicología de Omar

La madre dueña de sus hijos

Madre dueña de sus hijos

Hace poco tiempo, respondiendo a preguntas de amigos en Facebook sobre un artículo de nuestra página, surgió un tema que, de alguna manera, se ha vuelto reiterativo en mi consulta a lo largo de muchos años. La madre dueña sus hijos y la madre mártir. En conversación sobre este tema, le dije a una compañera y amiga del trabajo que muchas de las preocupaciones que tenía en un momento determinado se debían a que ella se consideraba la dueña de sus hijos.

Nunca antes me había ocurrido, desde esa conversación mi compañera, que inicialmente había mostrado cierta resistencia a aceptar que no lo fuese, con frecuencia en espacios públicos refiere, medio en broma, medio en serio, que yo le dije que sus hijos no son de ella.

Más allá de relación entre amigos, esta problemática se ha convertido en algo realmente preocupante. Los padres , con frecuencia, se creen los dueños de los hijos, y no en raras ocasiones defienden este derecho, incluso ante el propio hijo. Esta situación, en mi experiencia, se hace más evidente en el caso de las madres el hecho de engendrar la vida parece hoy generar confusión en ellas, al extremo de acuñarse casi como una verdad absoluta la famosa frase: “ese es mío, porque yo lo tuve 9 meses en mi barriga”.

Y digo “parece hoy”, porque no siempre fue así, hace relativamente poco tiempo lo general era que las mujeres daban a luz para sus esposos, daban hijos para ellos. Todavía hoy, cuando una mujer con hijos se casa con un hombre que no los tiene, de alguna manera, en la familia o dentro de las personas allegadas surge la preocupación: a este hombre ella tendrá que darle hijos, porque él no tiene hijos.

La madre dueña de sus hijos

El corto tiempo en que la costumbre social ha cambiado puede y de hecho pone en contradicción los dos enfoques. En ocasiones la esposa da un hijo a su nueva pareja, pero, no por eso renuncia a ser ella la dueña del niño que nace.

Cuestionar esta forma de concebir la relación con los hijos es muy sencillo, cuando preguntas a la madre de quien es el niño la respuesta es rápida, ella se siente la dueña, y lo asume en toda su implicación, pero si en cambio le preguntas ¿quién es su dueño o dueña?, la respuesta es totalmente contraria. De nadie, ella no tiene dueño.

Tal vez, amigo lector, no sin razón estará pensando que es lógico que la madre no sienta que tiene dueños, en tanto es un adulto. Visto de esta manera se podría creer entonces que el problema está en relación con la edad del poseído, que los niños tienen dueños, pero los adultos no. En tal caso sería bueno reformular la pregunta a la madre, ¿usted ha tenido dueño alguna vez? Invariablemente la respuesta será la misma: no, yo nunca he tenido dueño.

Encaremos lo que realmente está ocurriendo, resulta que los padres, y en especial las madres, frecuentemente se creen los dueños de sus hijos, pero en contraposición, sus hijos no asumen ser posesiones de ellos. Padres que creen ser dueños, de hijos que no tienen dueños. Adultos que creen a todas luces tener lo que en realidad no tienen, de ser lo que en realidad no son. Amigos, mal punto de partida para una relación sana entre padres e hijos.

Fuente de disgustos para ambos, generadora de atribuciones de derechos exagerados sobre los hijos, interferencia e injerencia que obstaculizará las decisiones de los hijos y acaso hasta sus vidas. Incomprensión y defraude para los padres, enfrentamientos, rebeldía y maltrato de ambas partes. Sufrimiento y desengaño. Inevitablemente habrá que asumir un día, a un alto costo, el haber estado equivocado al creerse dueño.

Los hijos no son objetos que puedan tener título de propiedad, los seres humanos son dueños de muchas cosas a lo largo de la vida, si es que esto no es también cuestionable, pero nunca son dueños de los hijos, los tipos de relaciones entre los seres humanos donde unos son dueños de otros son todas injustas, inhumanas, han sido las peores relaciones conocidas y solo pueden mantenerse mediante el horror (el esclavista dueño de sus esclavos).

Por eso le propongo no creerse cosas que no son, no se deje llevar por ese sentimiento engañoso o esa creencia absurda, sus hijos son sus hijos, pero usted no es su dueño. Puede y debe educarlos, ayudarlos, preocuparse por ellos, enseñarlos a tomar buenas decisiones, pero siempre inculcarles que nadie es el dueño de sus vidas, sino ellos mismos y que de ellos es el derecho y la responsabilidad.

Si comete el error de no entender, de sentirse usted el dueño de otra vida, estará siendo arrastrado al segundo problema que quiero abordar, estará usted abandonándose de su vida para atender la que no es de usted, y créame que nadie le va a agradecer nunca semejante equivocación.

La madre mártir

Son incontables los casos de madres de mis pacientes que sacrifican su vida por sus hijos, son extraordinariamente frecuentes las madres mártires.

Créame que una de las cosas más sorprendentes para mí es que casi todas refieren tal sacrificio como algo loable, en tanto lo hacen por el bien de ellos. Sacrifican su felicidad por los hijos, soportan humillación por el bien de los niños, renuncian a su realización personal por el consagrado y sobrevalorado derecho de sus hijos. Esto me resulta tan absurdo como doloroso y no me contradigo con los artículos ya publicados sobre el divorcio.

Se ha llegado a tal punto en la vocación de mártir como paradigma social de la mujer que se ha creado una “contraposición” entre la función de madre y la condición de mujer. Cuando a una mujer le dicen que es más mujer que madre, le están, por lo general, profiriendo una de las peores y más profundas ofensas, la están clasificando como representante de los más bajos niveles femeninos.

Por el contrario, si dicen que es más madre que mujer, es elogio invaluable. Inadmisible, irracional, ilógico, desatinado. Perdonen tantos calificativos, pero además de falso, esto me parece incluso mal intencionado con la mujer. Resulta poco común y complejo ser madre sin antes ser mujer. Ser mujer es la única condición biológica previa para ser madre.

Para ser un buen padre el hombre no tiene que renunciar a su vida, ni a su realización personal o profesional, creo que en esto el machismo ha sido muy responsable. No es justo que la mujer no tenga igual derecho, no creo que pueda ser una buena madre sin estar realizada como mujer. Una mujer frustrada, reprimida, disgustada, con baja autoestima no es el ideal de madre que generalmente tienen mis pacientes.

¿Cuánto puede aportar a la educación y al bienestar de los hijos una mujer que se conforma con ser una sombra de lo que puede ser? Tengo mis dudas. En lo personal apuesto por una madre emprendedora, feliz, activa, que enfrenta con optimismo los problemas de ella y enseña a sus hijos a hacerlo de esa manera con sus problemas propios. Una madre cansada en la noche por el peso de sus sueños y radiante en las mañanas por la nueva oportunidad de conseguirlos. Doy un voto al feminismo.

Una madre que nunca renuncie a su vida y que no tome sin permiso la vida de sus hijos, para vivirla como propia, una madre luz. Estoy seguro que los hijos saben de qué madre estoy hablando, de la que no se arrepiente tarde, cuando ya no hay tiempo, de la que no envejece frustrada, la que ama, cuida y enseña. Lo cual no implica, renunciar a tener hijos por su desarrollo profesional o por mantener su belleza, ninguna de las dos cosas, a mi juicio deben ser impedimentos para la maternidad.

Recomiendo entonces, mujer, que nunca renuncies a tu vida, no creas que porque un niño necesita de ti, debes hacerlo. Ambas cosas no son excluyentes, vive con intensidad, no renuncies a los sueños propios, disfruta de la vida en el mejor sentido para que puedas ser la mejor mamá del mundo para tu hijo. La que olvide su vida y se abandone no tendrá nunca mucho que darles a sus hijos, por el sencillo hecho de que, para dar, primero hay que tener.

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