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Psicología de Omar

Los niños no dicen mentiras

Mentiras en los niños

Desde hace muchos años, casi desde que era pequeño, han sido incontables las veces que he escuchado la frase “los niños no dicen mentiras”. No tengo ni la menor idea de su origen, tal vez sea la forma acostumbrada de corregir al niño que miente, decirle precisamente que los niños no deben hacerlo.

Imagino que, a partir de la extensión de su uso, algunas personas hayan asumido tal frase como una afirmación cierta y esto, la haya generalizado, dando lugar al surgimiento de un mito, merced a una interpretación social equívoca.

También las religiones pueden haber jugado un papel en la formación del mito. Al considerarse la mentira como un pecado y a los niños como inocentes, se puede entonces reforzar de manera indirecta la creencia de que los niños no mienten.

¿Por qué mienten los niños?

En realidad, los niños sí mienten. Incluso algunos pueden llegar a ser grandes mentirosos, todas las personas lo hacen, en cualquier edad, por más de que a nadie le gusta que le mientan. Las mentiras tienen una intencionalidad variada:

  • Evadir responsabilidad.
  • Culpar a otra persona de acciones propias.
  • Confundir a las personas.
  • Ganar tiempo para algo.
  • Evitar situaciones complejas.
  • Evitar consecuencias de los actos.
  • Con la intención de hacer daño.
  • Para no hacer daño (mentiras piadosas).

Se miente por miedo a decir la verdad y asumir sus consecuencias, por pena, por vergüenza. También por vanidad, por orgullo, por venganza y hasta por gusto y por costumbre. No todas las mentiras son mal intencionadas, también se puede mentir por altruismo, por solidaridad. Aunque sin dudas, las avaladas por malos sentimientos, son las más molestas y por tanto las más llamativas y repudiadas.

Aun para las personas más honestas es muy difícil decir la verdad siempre y los niños aprenden a mentir desde muy temprana edad. Alrededor de los 4 o 5 años los niños descubren su pensamiento y este es un descubrimiento importante. A esa edad se dan cuenta, por primera vez, que las demás personas no saben lo que él está pensando, que no lo pueden saber si él no lo dice, y una de las formas más eficientes que encuentran de probarlo es diciendo mentiras.

¿Qué es la mentira en los niños?

Por una parte, la mentira siempre guarda relación con la realidad, al menos con una realidad probable. En segundo lugar, la mentira siempre presenta una distorsión conveniente de los hechos, al menos para quien la formula, y por último en ella es muy sencillo encontrar una intención subyacente.

Si tenemos en cuenta estas características de las mentiras podemos definirla como: una invención, distorisión o tergiversación de un hecho real (supuestamente ocurrido), en el discurso de una persona, con una intencionalidad bien definida.

A mí, en lo personal, me cuesta trabajo definir si las verdades a medias son realmente verdades o son una forma sutil de la mentira.

Las características de las mentiras, permiten establecer una diferenciación con otros dos fenómenos que aparecen en la niñez y que frecuentemente tienden a ser confundidos con ella: la fantasía y la invención ante vivencias negativas intensas..

La fantasía no es una mentira

Los niños pequeños con una inteligencia alta, fundamentalmente antes de los 7 años, en ocasiones inventan historias sobre determinados hechos. El nivel de elaboración de estas historias difiere mucho entre los niños y puede ser tan preciso que genere dudas en los adultos si lo que dice el niño es real o no. Algunos niños llegan a creerse sus propias invenciones y aseguran que son realidad, como ocurre con los amigos imaginarios.

Otro ejemplo de esto pueden ser historias de lo que hizo con su papá, en casos de hijos de padres divorciados. La fantasía en los niños, frecuentemente viene a llenar espacios vacíos en la afectividad de los niños y más que hacer referencia a lo que en realidad ocurre, se orientan a lo que el niño necesita o desea que ocurra.

Con un simple análisis de tales fantasías salta a la vista que lo que dice el niño no está aferrado para nada a la realidad. Pero en estos casos no puede interpretarse su discurso como una mentira, en tanto no hay intención de dañar o proteger a otros.

La invención ante vivencias negativas intensas

Así mismo, en niños más pequeños aún, he observado en mi consulta que crean con frecuencia una realidad a partir de las emociones que vivencian. Bajo el dominio de determinado estado puede crear una imagen que justifique lo que siente y decirla como cierta.

Recuerdo especialmente las observaciones de juego infantil, una técnica de evaluación psicológica invaluable para la comprensión del niño. En múltiples ocasiones los niños temerosos, con posterioridad a alguna rivalidad con otro niño, referían que el otro le había pegado, sin embargo, el observador podía dar fe de que, tal hecho, no había ocurrido.

Lo mismo ocurre con frecuencia ante un adulto muy severo y poco afectivo, el niño pequeño, puede sentir miedo y referir que el adulto lo regañó o le pegó, sin que esto haya ocurrido. No es su intención mentir, él solo tuvo una vivencia negativa intensa que le genera confusión.

Tampoco en este caso se presenta la intencionalidad típica del mentir, por tanto, ambas actitudes no pueden ser consideradas como mentiras, aun cuando en ellas haya una distorsión de la realidad o invención.

Recomendaciones para desestimular que los niños digan mentiras

Aun cuando, la cruzada contra las mentiras ha sido en el pasado y muy probablemente siga siendo en el futuro una tarea ingrata, porque no nos gustan las mentiras y muy ciertamente la vida fuese más sencilla si no existiesen. Lo cierto es que tenemos razón cuando pretendemos que nuestros hijos no sean mentirosos, al menos que no mientan innecesariamente.

Casi todas las mentiras son innecesarias y hay un viejo refrán que dice que la mentira tiene patas cortas, al final siempre se descubre. Por eso los niños tienen que ser educados en asumir su responsabilidad ante la vida, sin temor a tener que enfrentar las consecuencias de sus conductas.

Educar al niño en la verdad no se limita, por tanto, a leerle el cuento de pinocho y mucho menos a llamarlo así o atemorizarlo con el crecimiento desmedido de su nariz. Los padres y la familia en general pueden seguir estas recomendaciones para desestimular que los niños digan mentiras:

  • Explicar a los niños, sin cansarse, el valor de decir siempre la verdad. Las personas buenas, también hacen cosas malas, pero a diferencia de quien no lo es, dice la verdad cueste lo que cueste.
  • Decir la verdad y asumir la responsabilidad personal. Eduque con su ejemplo, no puede ser que su hijo lo vea mentir a usted en casa. Incluso con cosas tan simples como decir que le digan a quien lo llama por teléfono que usted no está en casa, mientras usted mismo le pide al niño que no mienta.
  • Estimular la sinceridad aun en las peores condiciones. El mundo no se acaba por algo malo que haga el niño, si lo reconoce, lejos de castigar por lo que hizo estimúlelo por decirlo. Tal vez no haya razón para estar contentos en lo hecho por el niño, pero sí en la actitud asumida por él.
  • Utilizar métodos educativos adecuados, basados en técnicas de control conductual como la extinción, el reforzamiento, y el contra-condicionamiento. Lea los artículos ya publicados sobre premisas y métodos educativos adecuados.
  • Estimular la dignidad, el orgullo y el casi en desuso honor.
  • No emplear métodos educativos violentos que refuerzan el miedo y estimulan el volver a mentir. Lea los artículos ya publicados sobre los métodos educativos violentos y sus efectos.

Si su hijo le ha mentido, si lo ha hecho más de una vez, si sus mentiras han tenido consecuencias desagradables, si siente que ya no puede confiar en él. Entonces tiene usted una poderosa razón para depositar su confianza en lo que dice y en él mismo. Solo depositando confianza en los niños se convertirán en personas confiables. Dele una nueva oportunidad, y otra más, las que sean necesarias para ser grandes, sinceros y honestos.

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