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Psicología de Omar

La muerte de un ser querido ¿Cómo afrontarla?

Muerte de un ser querido

En ocasiones el deceso ocurre tras una larga enfermedad, la familia, incluido los niños, participan del sufrimiento del enfermo y cada miembro lo experimenta individualmente. La situación llega a estremecer las más sólidas bases de la familia, el funcionamiento normal se pierde, la estructura y las relaciones se resienten. Pero en la misma medida, todos se preparan para lo inevitable.

Por su parte, la muerte súbita resta tiempo de sufrimiento, pero no es menos dramática: Golpea de pronto, sin previo aviso, sorprende sin dar tiempo para prepararnos. Impide entender y aceptar, conmina a culpabilizar y se impone con todo su efecto demoledor.

La muerte genera sentimientos de miedo en general y miedo a la muerte, de ira, de culpa, de abandono, neutraliza toda esperanza y en ese especial demoledor momento, los familiares tienen que decidir cómo proceder con los niños implicados, muchas veces hijos del fallecido. No resulta extraño que busquen ayuda para hacerlo.

Cómo proceder con el niño ante la muerte de un ser querido

Para orientar a la familia en el cómo proceder en tan lamentables casos, lo haré en forma de preguntas y respuestas, siguiendo el orden más habitual que han seguido mis pacientes.

¿Quién debe decirle lo ocurrido a los niños que están implicados en la situación?

Esta es una de las primeras cosas a definir. He escuchado en ocasiones que la persona encargada de dar las malas noticias a los niños debe ser alguien especialmente capacitado para tal función. En modo alguno comparto este criterio, mucho menos si tal profesional debe encargarse de la atención del niño en el futuro.

Profesional o no, lo que menos efectos negativos provoca es, en mi criterio, que la persona encargada de dar la noticia sea alguien con el mayor vínculo afectivo posible con el niño. No debe permitirse que tales noticias, sean dadas por extraños o personas alejadas afectivamente. Tres razones para ello:

  1. La persona que comunica no será ajena al problema lo que puede crear un clima de comprensión.
  2. De tal persona llega al unísono la noticia negativa y además el afecto, el niño se sentirá menos solo y no tendrá que enfrentar después a los seres queridos.
  3. El acto de decir se convierte en una extraordinaria experiencia de confianza. Si en las adversidades las personas allegadas se apartan, no dan el frente, no se comunican, estimulará al niño a hacer lo mismo en situaciones futuras.

¿Cuándo decir?

La noticia de la muerte de un ser querido debe ser dada al niño lo antes posible. Conocer es el primer paso para la adaptación, nadie se adapta a lo que cree que puede cambiar. Demorar la información es violentar el derecho del niño a saber lo ocurrido y correr el riesgo de que la noticia se conozca por otras personas, con los efectos que esto puede tener.

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Debe decirse, además, con suficiente tiempo para no afectar decisiones del niño. Sería lamentable que el niño pidiese ver al ser querido fallecido y se enterase que no es posible por haber sido enterrado días antes.

Así mismo, debe cuidarse que el niño no esté acabado de comer ni sea el momento de irse a la cama, que exista suficiente privacidad y que no estén muchas personas presentes. Las personas que estén deben saber lo ocurrido con anticipación para evitar sus reacciones en presencia del niño.

¿Qué hay que decir al niño?

He visto casos que, por temor a la reacción del niño, evitan decir la verdad, le dicen que están de viaje o trabajando. Otros dicen que se fueron al cielo, lo cual puede ser una muy buena respuesta si se tiene una educación religiosa, pero muy comprometedora en caso contrario. A mi modesto juicio lo recomendable es decir la verdad, aunque deben evitarse palabras fuertes.

No es necesario muchas veces ni siquiera utilizar el término muerte, basta con decir: ya no está y no lo volveremos a ver, para niños mayores de 6 años generalmente es suficiente, En muchas ocasiones ellos preguntan, – ¿se murió? La respuesta es: – Sí, eso fue lo que ocurrió.

Posterior a esto el adulto debe responder todo lo que el niño pregunte. Ese momento debe limitarse a poner al niño en conocimiento de lo ocurrido, debe evitarse otros aspectos o detalles, a no ser que el niño pregunte sobre ellos.

¿Es conveniente que el niño participe en el velatorio?

Es difícil una respuesta precisa a esta pregunta, en tanto depende de muchos factores, que incluso están por encima del niño, creencias, costumbres, tradiciones. En lo que refiere al niño, en menores de cinco años no me parece oportuno que el niño participe en las honras fúnebres.

Ya después de los 6 años, en mi experiencia, resulta aconsejable escuchar al niño y atender a su deseo, si refiere que desea ir, se le debe tratar de disuadir ligeramente, sin que constituya una prohibición. Si el niño insiste entonces se le debe permitir participar. En estos casos la atención del adulto se debe centrar en que no sea un tiempo prolongado y que sea en un momento oportuno.

Algunos niños que participan del funeral de un ser querido sufren por mucho tiempo a causa de la impresión causada. Otros, a los que se les prohíbe expresamente su participación, sufren por no haberse despedido, por eso es muy aconsejable tener en cuenta su interés. Al entierro es mejor que el niño no asista, las emociones pueden ser demasiado fuertes e imperecederas.

¿Qué hacer después del entierro?

Después del entierro es necesario iniciar el proceso de volver a la normalidad. Este proceso comienza por volver a la casa y enfrentar el vacío, todo en la casa debe mantenerse como estaba anteriormente, fotos, adornos, ropas. El ambiente no debe cambiar, así mismo es importante volver a las rutinas normales lo antes posible para lograr que la pérdida que ha sufrido el niño no se amplifique.

Si antes veía la tele, ahora debe hacerlo igual, si antes jugaba con algún amigo hay que volver a hacerlo, hay que incitar al niño a volver a todas sus rutinas. Dejar claro que eso no cambia lo que él siente o cuanto quería a la persona perdida.

Progresivamente, en la primera semana, se deben ir recuperando todas las actividades habituales, así mismo se reestablecerán las prohibiciones, el dormir solo, los permisos. Con el objetivo de minimizar el cambio, toda la vida del niño deberá ser lo más parecida a lo que era antes del suceso. Es mucho menos compleja la adaptación si lo único que ha cambiado es que una persona ahora no está, que si, además de la perdida, muchas otras cosas han cambiado.

¿Se puede hablar en presencia del niño sobre lo ocurrido?

Hablar de la muerte de un ser querido no puede convertirse en un tabú. Se puede hablar de ella y es bueno que se haga, pero no es recomendable que se hable constantemente. Por lo general aconsejo a los padres de mis pacientes no hablar por propia voluntad, esperar siempre que sea el niño quien proponga el tema.

Cuando se habla de la persona fallecida, en ocasiones los adultos lloran. Se puede llorar en presencia del niño y se puede llorar con él. El niño sabe que los adultos están sufriendo, comprende la dimensión de lo ocurrido y necesita compartir su sufrimiento. Pero siempre que sea posible debe evitarse los excesos de llanto en intensidad y frecuencia.

Es común que algunos familiares, amigos, vecinos, conocidos, etc., no se enteraran oportunamente de lo que sucedió y es normal que se sientan en el deber de venir a casa en las tardes o las noches a dar sus condolencias. Esto puede ser muy peligroso y debe evitarse sin ser grosero. No debe permitirse que todas las noches se revitalice el velorio.

El velatorio extendido en casa, puede ser devastador para la recuperación del niño. Por lo general aconsejamos a los adultos dejarse ver en lugares públicos, esto los pondrá en contacto con muchas personas que no se verán entonces precisadas a visitar la casa.

¿Qué se puede entender por reacciones normales de los niños en estos casos?

Los niños también se deprimen. Cuando esto ocurre se ven desanimados, irritables, se aburren con frecuencia, se niegan a hacer cosas habituales, se tornan majaderos y lloran con mayor frecuencia de lo habitual. Es totalmente normal que ante la muerte de un ser querido aparezcan estas expresiones.

También resulta altamente frecuente que, contrario a lo que es de esperar, el niño dé la impresión de que no siente absolutamente nada e incluso de que no sabe nada de lo ocurrido, y puede que hable sobre la persona como si estuviese por llegar.

Esto ocurre por dos razones. Porque el niño siente que sus emociones lo superan o porque está muy pendiente de las personas que le quedan y teme que se pongan más tristes y él quedarse más solo. Pasado un tiempo, más o menos largo, en la medida en que el niño se vea que todo va pasando, todas las emociones aflorarán. Esto puede dar la impresión de que el niño está peor, sin embargo, estar en condiciones de ventilar sus emociones significa una mejoría .

¿Cuánto tiempo durará la reacción y demorará la adaptación?

Es muy difícil predecir el tiempo que necesite el niño, en cada caso es diferente y depende de muchos factores, personales, familiares, de apoyo social y del contexto. Solo hay algo que me gustaría decir al respecto. Por lo general los niños tienen mayor facilidad que los adultos para adaptarse a la pérdida de un ser querido, tal vez porque su mundo de relaciones esta en expansión.

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