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Psicología de Omar

Las peleas entre hermanos en la niñez, ¿qué hacer?

Peleas entre hermanos

En artículos anteriores he comentado sobre un tema que frecuentemente preocupa a los padres, abuelos y personas responsabilizadas con la educación de los niños, me refiero a la agresividad. Si bien muchas personas buscan ayuda en consulta de psicología por esta conducta en los niños, no siempre sus preocupaciones se ajustan a la realidad, en tanto, en un número importante de niños, las peleas entre hermanos o entre niños muy allegados, no pueden ser concebidas como agresividad en todo el sentido de la palabra.

Si no ha leído aún los demás artículos sobre la agresividad infantil ya publicados en el blog puede hacerlo en este momento accediendo a los siguientes enlaces:

¿A qué tipo de relación entre niños me estoy refiriendo?

Con frecuencia se observa en los niños un tipo relación de apariencia violenta que ocurre por lo general en presencia de adultos responsabilizados con la educación de los niños, fundamentalmente la persona que pasa mayor tiempo con ellos, que asumen función catalizadora (de árbitros) y que solo tiene propiedades violentas en su presencia.

A este tipo de relación algunos psicólogos le han llamado pseudo agresividad entre hermanos. Es una conducta que no es típica del ser humano, se presenta casi invariablemente entre los animales superiores. Los perros, gatos, pumas, leones, y otros mamíferos, independientemente de la región donde habiten, mientras son cachorros, presentan este tipo de relación con los de su camada o manada. Su intención, a todas luces, no es provocar daño al otro, es solo una especie de juego que les permite formar habilidades para la caza y la lucha que, posteriormente, les serán de utilidad.

Los seres humanos mantenemos, durante la niñez, una conducta similar que fundamentalmente se observa entre hermanos o niños con una comunicación cotidiana entre ellos (primos u otros niños con los que se relaciona habitualmente) este tipo de relación es en extremo frecuente y aparece por un juguete, por un pedazo mayor de tarta o por cualquier motivo.

¿Cómo determinar la pseudo agresividad?

En mi consulta, cuando los padres se quejan de peleas entre hermanos o niños con las características de relación ya descritas, generalmente refieren: “mis hijos se pelean por todo”, “no paran de pelear entre ellos”, “se llevan muy mal”. Nos bastan pocas preguntas para establecer una diferenciación entre una agresividad real de una pseudo agresividad. La indagación la direccionamos, no a como es la relación que los padres describen, porque la similitud entre ambas actitudes es muy alta en algunos niños.

Más bien exploro con las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo se siente uno de los niños cuando el otro no está en casa por alguna razón?
  • ¿Cómo reacciona cuando el otro se enferma?
  • ¿Cómo actúa cuando al otro niño le sucede algo malo, cuando otro niño lo agrede, o cuando los padres u otro familiar lo requieren?

Por lo general, en la agresividad, el niño disfruta de la distancia del otro y se alegra de todo cuanto malo le pase.

En el tipo de relación que describimos, las reacciones son totalmente diferentes, los niños, que prácticamente no pueden estar juntos, tampoco pueden estar separados, ambos reaccionan en defensa uno del otro, cuando la agresión viene desde fuera, incluso cuando esta “agresión” venga de los padres. La pseudo agresividad es una forma de las relaciones entre los niños que tiene más de positiva, que de negativa, es una forma muy peculiar de demostrarse y darse afecto.

Características distintivas de la pseudo agresividad

  • La conducta, en apariencia, puede ser tan violenta, verbal y físicamente, como en la agresividad real.
  • Solo ocasionalmente trae como consecuencias lesiones físicas de los niños y cuando ocurren no son intencionales y quien las provoca se arrepiente y lo sufre espontánea y sinceramente.
  • Rara vez ocurre cuando los niños están solos, preferiblemente se da en presencia de un adulto responsable que actúa como “árbitro”.
  • Los niños envueltos en esta relación no pueden estar juntos, pero no soportan estar separados.
  • Cuando la agresión es externa contra uno de los niños el otro adopta una actitud contra el agresor y en defensa del niño agredido.
  • Cuando uno de los niños enferma o tiene un problema, el otro se afecta de manera visible.

He observado, que en familias de muchos niños los dos que tuvieron pseudo-agresividad entre ellos por lo general son posteriormente los más inseparables y con mejor relación entre todos. Por lo general este tipo de relación suele durar hasta la adolescencia, y el mal manejo de la misma puede transformarla en una agresividad real entre ellos.

¿Qué hacer cuando se está en presencia de una relación de este tipo en los niños?

El manejo adecuado de las peleas entre hermanos y otros niños allegados puede ser muy sencillo, siguiendo estas recomendaciones:

  • Explique a los niños que no deben agredirse, que eso no es una conducta adecuada y que puede dañar al otro, cosa que él no quiere.
  • Alabe y estimule a ambos niños cuando sean capaces de jugar juntos por un rato, sin agredirse entre ellos.
  • Reconozca a cada uno por separado y juntos por lo mucho que se quieren.
  • Evite culpar a uno por lo que ocurre, la responsabilidad e implicación es de ambos, independientemente de la edad o el tamaño.
  • Evite el uso de cualquier método educativo violento para controlar las situaciones, ni con uno ni con ambos niños. Lea los artículos ya publicados en el blog sobre los métodos educativos violentos y sus efectos.
  • No acepte ser árbitro de las discrepancias entre ellos, que aprendan a resolverlas ellos por sí solos.

Esta última recomendación suele tener un muy buen resultado. Por último, me parece imprescindible hacer una aclaración, para evitar confusiones o tergiversaciones del contenido de este artículo.

Las peleas entre hermanos o entre niños allegados, pasada la adolescencia, solo deja las muestras de unidad y afecto entre los implicados y desaparece cualquier vestigio de violencia entre ellos. Lo cual la define como una conducta aceptable como normal y buena, solo en la niñez. Ninguna forma de violencia en la edad adulta es aceptable como una conducta normal y no puede ser justificada por afecto en su base, quien la utilice no pasa de ser un maltratador.

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