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Psicología de Omar

La relación entre padres divorciados

Relación entre padres divorciados

Hace algún tiempo en mi consulta atendí a un matrimonio que atravesaba por una situación de separación. No es para nada esta una situación rara en una consulta de atención psicológica al niño, pero este caso en particular llamó poderosamente mi a tención por lo civilizado de su manejo. Decisión tomada de mutuo acuerdo, entendimiento rápido en la división de bienes, búsqueda de ayuda especializada para comunicarlo de la mejor manera al hijo, cortesía y cordialidad. Tales características en la relación entre padres divorciados muy rara vez se observan en una pareja cuyos conflictos no han encontrado solución en el matrimonio.

Casi un año después el padre solicita mis servicios por dificultades en la relación con la madre de la niña, su expresión extraverbal era inequívoca, su primera frase fue “No existe divorcio a la francesa”. Automáticamente, aunque de manera tardía, dejó de ser un caso atípico y es que mantener una buena relación entre padres divorciados es tan difícil como importante.

Aspectos que hacen difícil la relación entre padres divorciados

Daños afectivos residuales de diverso orden

Ese es uno de los primeros obstáculos, de los más complejos, difíciles de resolver y duraderos. Frecuentemente constituyen arrastres de los conflictos que generaron la separación o de experiencias que se sumaron por un mal manejo del divorcio, que suelen ser las más frecuentes entre otras razones que puede obstaculizar el establecimiento de relaciones normales entre la expareja.

Sentimientos opuestos a la relación

Es frecuente que al menos uno si no los dos implicados, alberge estos sentimientos. Traiciones, mentiras, resquemores, desengaños, disgustos, pleitos, frases hirientes. Pueden generar ira, tristeza, odio, pena u otros muchos sentimientos nocivos para el que los vivencia, lacerantes para su expareja y contrarios a la cordialidad en la futura relación.

Definición y establecimientos de nuevos límites en la relación

El matrimonio puede llevar varios años y eso implica que los límites de privacidad para cada miembro de la expareja eran muy difusos, ambos podían exhibirse en ropa interior en presencia del otro, tenían acceso sin restricciones a todas las habitaciones de la casa, tenían llave de la puerta y no debían llamar para entrar y muchas otras costumbres que son más o menos similares en todos los matrimonios.

La decisión de la separación, una vez comunicada entre los miembros de la pareja automáticamente no cambia esta realidad de un golpe, pero en algún momento, en la misma medida en que se hace efectiva y especialmente al salir uno de los miembros definitivamente de la casa, los limites deben reestablecerse.

Sin embargo, este simple hecho, sobre todo cuando no es acordado entre las partes y establecido en el momento adecuado, en ocasiones, puede ser malinterpretado por uno de los exmiembros de la pareja, quien se adjudica derechos que en un momento le pertenecieron, pero que han cambiado dada la nueva condición.

Influencias de personas externas

Ambos miembros de la pareja tienen, además de la relación con su pareja, relaciones con su familia de origen y sociales con amigos, vecinos, compañeros de trabajo, entre otros. Mientras el matrimonio es sólido, su simple existencia impone barreras más o menos efectivas a la influencia de esas otras relaciones. Pero una vez rota la unión, tales barreras se desploman.

Mientras más cercanas sean las personas más tratarán de influir en las determinaciones e interpretaciones de la relación con la expareja y de lo que de ella se derive. Así mismo mientras mayor cercanía afectiva a uno de los miembros de la expareja, mayores serán los sentimientos aversivos que despierte el otro miembro, y mayor el riesgo de inoculación de tales sentimientos.

Esto puede conducir a convertir en realidad un terrible viejo refrán:

El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.

Relación de autoridad – subordinación

En toda relación de pareja de alguna manera se establece, informalmente, una relación de este tipo, puede que incluso el abuso de la misma esté entre los determinantes de la separación, pero su presencia no es para nada anormal.

Alejado de cualquier posición sexista, si al menos en dependencia de la actividad, no existe la subordinación de uno al otro, la relación de pareja se hace insostenible. Pero esta relación, que a mi juicio es imprescindible para el mantenimiento del matrimonio, desaparece desde que se disuelve la pareja, lo cual también es normal. Es difícil para la pareja cuando uno de los dos miembros no puede deslindarse de la relación de autoridad-subordinación.

Igualmente resulta nocivo e insoportable que uno de los miembros quiera imponerse por encima de los criterios del otro, a que uno de los miembros no pueda tomar decisiones propias y necesite del otro para que las tome como antes sucedía.

Puntos de vista divergentes

Cada ser humano es un ser individual y único, en la vida en pareja cada uno de los miembros hace concesiones de ideas, criterios formas de pensar, que no están en correspondencia con las del otro. Y que de no hacerlas restaría funcionalidad a la relación. Estas pequeñas concesiones no implican en todos los casos haber sido convencido o haber cambiado de ideas, y es tolerable mientras dure el matrimonio.

Cuando el matrimonio termina, por lo general ya los miembros de la expareja no quieren seguir haciendo concesiones y por tanto, la posibilidad de lograr acuerdos se reduce, llegando a impedirlos, incluso por razones en extremo superfluas.

En la misma medida que la expareja logre trabajar sobre estos aspectos en sí mismos y en el otro, será factible el logro de una buena relación.

Pero, ¿por qué es tan importante una buena relación entre padres separados?

La pareja tiene algo en común e indivisible que impide una total ruptura. Por supuesto no hay que ser muy entendido en asuntos de familia para saber que ambos, independientemente de los problemas que hayan tenido, son y serán por siempre, los padres de un mismo niño. Un niño, que como cualquier otro, necesita acuerdo entre los padres, afecto, estímulo y la guía de ambos.

Por tanto, la separación de pareja rara vez permite que se rompa toda relación entre los miembros, eso no es funcional y pocas veces aconsejable. Estar molesto con el otro de manera indefinida, solo complica la vida y los sentimientos de ambos. Y afecta de manera directa al niño que necesariamente recibe la influencia.

La relación irrompible con los hijos. Esta es otra poderosa razón para mantener cordialidad en la relación entre los padres, que no hay manera de romper la relación con los hijos, como sí se puede con la pareja. Y si bien nadie puede romper su relación igualmente es inoperante el deseo de que su expareja rompa la suya con el niño.

Ese o esa, es y será por siempre su padre o madre y aunque le cueste trabajo aceptarlo y entenderlo a uno de los dos, fue su decisión elegirlo. Si por tal razón no se puede cambiar objetivamente a la otra persona no hay otra alternativa que continuar algún nivel de relación con ella, en al menos lo referente a los problemas de los hijos, y tal relación tiene que ser cordial y de respeto.

Cada miembro de la pareja necesita seguridad en la otra parte. Al ser irrompible la relación de los padres con los hijos, cada uno tendrá y de hecho tiene, hasta legalmente, el derecho de compartir tiempo con ellos. Ese derecho no es cuestionable, en tanto es, de alguna manera también, el derecho de todo hijo a convivir y relacionarse con ambos padres.

Ninguno de los dos miembros de la pareja es el dueño de los hijos, los dos son responsables de su educación y cuidado. Es poco probable que uno de los dos esté tranquilo cuando el niño está con el otro, si la relación entre ellos está dañada, si falta consideración, respeto, comunicación y confianza.

La educación de un niño desborda las posibilidades individuales. Asumir que los hijos son solo de uno de los miembros de la expareja trae problemas a todos, pero principalmente a los niños. Económicamente es más complejo cuando solo uno lleva el peso de los gastos, pero el problema no es solo de tipo material o de recursos. El matrimonio, y de hecho la familia es un sistema en equilibrio en todos los sentidos, incluso en el sentido educativo.

El divorcio rompe ese equilibrio y pone en riesgo todas las funciones de la familia. El niño necesita de la riqueza y diversidad material y espiritual que está perdiendo, la necesita para su normal desarrollo. Que los padres estén separados no es razón suficiente para que se sacrifique en este sentido al niño, ambos padres están, el niño no los ha perdido pero la incomunicación entre ellos lo pone en riesgo.

Ambos requieren garantías de respeto a sus criterios educativos. Haberse divorciado no implica renunciar a la educación de los hijos ni la aceptación a que este sea educado en valores y principios que no son compartidos por ambos padres, pero rara vez esto se logra por la fuerza o por decretos. Solo hay una forma de que funcione bien, mantener el respeto de ambos miembros de la expareja por el otro.

Y no hay manera de que el respeto se mantenga sin una relación sistemática sincera y cordial.

Recomendación única: Hágase amigo de su expareja

Si los conflictos de la pareja se convirtieron en cotidianos, si la convivencia se hizo imposible, si el amor sucumbió, si la relación de pareja no es ya una opción. Entonces los padres tienen que optar por ser amigos, si se tienen hijos ninguna relación de amistad con otra persona, va a ser más importante que la amistad con su expareja.

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