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Psicología de Omar

El robo en los niños

Robo en los niños

Muchos niños, en algún momento de su vida, regresan de la escuela con un objeto que no es suyo. Como conducta aislada esto es poco preocupante y no pasa de ser una muy buena oportunidad para educar. Ese es el momento ideal para evitar que el robo se convierta en una costumbre, por tanto, no es como para preocuparse en demasía si esto ocurriese con su hijo. Es el momento de ocuparse para que no vuelva a ocurrir.

Otra cosa significa, cuando sustraer objetos se convierte en una conducta reiterada en el niño, cuando se incrementa con el paso del tiempo o cuando no se limita a un contexto determinado. Cuando el niño sustrae cosas de cualquier lugar, de la escuela, de la casa de amigos o de la de los abuelos, incluso de su propia casa, de sus padres o hermanos mayores, en tal caso sí se está en presencia de un problema que debe ser cuidadosamente atendido.

¿Estamos en presencia en estos casos de Cleptomanía? Tal vez podría ser el inicio de este padecimiento, pero por el incompleto desarrollo de la personalidad, yo prefiero llamarlo solamente robo. Que el robo en el niño tenga o no trascendencia a la vida adulta depende de muchos factores, especialmente de la solución de las causas que lo provocan y del manejo educativo que se tenga (ver artículo sobre los métodos educativos adecuados).

¿Qué hacen los padres cuando su hijo roba algo?

Es frecuente que, ante la práctica de hurto, los padres asuman conductas muy rígidas y que empleen métodos educativos violentos. Se tiende a emplear castigos fuertes, regaños y críticas muy duras que por lo regular resultan poco efectivas en la erradicación del mal, lo que se justifica en las características de estos métodos y en sus efectos comunes.

Las tensiones familiares en situaciones de esta índole suelen ser bastante duraderas y no es que falte razón a los padres para estas reacciones, el efecto de estas conductas en los niños genera en los padres muchos temores, disgustos e inseguridad.

En mi consulta, a lo largo de treinta años, si bien este no es de los motivos que más se presenta, tampoco es un reclamo de ayuda infrecuente. En una primera ocasión que el niño roba, por lo general los padres prefieren que nadie conozca lo que está ocurriendo con su hijo y optan, por tal razón, a aplicar medidas por si solos. Pero al reiterarse la situación, invariablemente tienden a buscar ayuda profesional de psicología o psiquiatría infanto juvenil.

Casi todos los niños, en algún momento de su vida incurren en apropiarse de algo que no es suyo y la inmensa mayoría de las veces la conducta pasa inadvertida para los padres, por relacionarse con la sustracción de cosas irrelevantes.

En otras situaciones los padres se percatan de lo que ocurre en el momento mismo en que el niño intenta esconder lo que se apropió y en otros casos se descubre el hecho después de haber ocurrido, por encontrar el objeto del robo entre las cosas del niño o por notar la falta de algún objeto, sin que hubiese otra posibilidad de extravío o pérdida.

¿Por qué roban los niños?

El manejo adecuado de la conducta de robo en los niños está indisolublemente ligado a la determinación de su causa, no en todos los casos es la misma justificación la que lleva al niño a esta desagradable práctica. Son cinco las razones más frecuentes que he podido determinar en los casos que he atendido:

  1. Razones asociadas al aprendizaje de las normas sociales. Los niños no nacen sabiendo, las normas sociales se interiorizan como parte del desarrollo infantil, y están mediatizadas por el proceso de aprendizaje del niño.

    Es normal que el niño se sienta de alguna manera atraído por objetos que no posee y que sean llamativos (juguetes, útiles escolares, etc), así mismo también es normal que el niño pretenda tenerlos, sin suficiente comprensión de que la forma que emplea para ello no es aceptada socialmente, o con la creencia de que puede violar las normas sin mayores consecuencias.

    En este caso, lo que determina la conducta, es el escaso desarrollo de las normas sociales y aunque las medidas que tomen los padres se parezcan para todos los casos, en este es importante hacer hincapié en el aprendizaje del niño.
  2. Interés familiar desmedido por cosas materiales. Aunque de alguna manera esta causa no es independiente a la anterior, he podido observar en los niños que he atendido que, por lo general, se presenta con mucha mayor frecuencia en niños que provienen de familias que dan mucha importancia a las cosas materiales.

    El bienestar hedónico en las familias, asociado al logro del placer por la tenencia cosas materiales, tiende a predisponer a los niños a la conducta de robo, pues la felicidad se tiende a asociar a tener más y mejores cosas.
  3. Mal manejo del egoísmo normal del desarrollo. Ya en un artículo anterior tratamos sobre la conducta egoísta del niño y su manejo adecuado, vimos en él que, en cierto momento del ciclo vital, los niños tienden a ser egoísta y que se les debe permitir serlo como mejor vía para su evitación en la vida futura. Pero sin ayuda especializada rara vez la familia reacciona de la manera adecuada.

    El mal manejo de este egoísmo puede generar un apetito insaciable por cosas materiales, que lleve al niño a asumir conductas de robo, al querer para sí cualquier posesión del otro y no encontrar otra manera más rápida de obtener lo que quiere.
  4. Presión grupal. El robo en el niño puede, en algunos casos, ser producido por la presión grupal. El afán por ganarse o mantener una posición dentro del grupo, en niños poco socializados, puede ser razón suficiente para la aparición de esta deleznable conducta. La falta de habilidades sociales puede generar la creencia en el niño de que puede mantener su estatus dentro del grupo o mejorarlo sustrayendo y regalando a los líderes objetos que puedan ser de su interés.

    En casos extremos se ha dado que, niños líderes o niños mayores, utilizan a otros niños para robar objetos para ellos de manera expresa y esto puede ocurrir incluso en grupos de niños buenos, no necesariamente está limitado a grupos disociales.
  5. Carencia afectiva del niño. Esta es, tal vez, la más frecuente y preocupante de las razones que llevan al niño a robar, sobre todo en casos en que la conducta es reiterativa y no cede con las medidas tomadas por las familias. El recibir amor es una necesidad para los niños. La falta de alimento genera hambre, la falta de líquidos genera sed, estas necesidades son fáciles de identificar con exactitud.

    La falta de cariño efectivo, a diferencia de las anteriores faltas señaladas, genera un estado de carencia difícil de comprender por el niño. Un vacío que no es claro, en la conciencia del niño, con que se puede llenar e invariablemente intentará llenarlo a toda costa con cosas materiales que no satisfacen su necesidad, que por tanto se torna insaciable, conduciendo frecuentemente a la conducta de robo reiterado.

Recomendaciones invariantes ante la conducta de robo en los niños

  • Evitar métodos educativos violentos. En este tipo de situaciones son especialmente ineficaces y puede resultar más reforzadores de la conducta en tanto pueden aumentar la carencia afectiva del niño y en tal sentido aumentar la causa o aportar una causa más a las ya existentes.
  • Contracondicionar la conducta. Este es el primer paso en la toma de cualquier medida, estimular al niño por ser un niño bueno y por no ser un niño que roba, y hacerlo con seguridad. Elogiar al niño por lo que queremos que sea y decirlo como si ya lo fuese. Crearle una imagen de sí mismo en la cual no caben las conductas de robo.
  • Devolver lo robado. Es importante que el niño mismo, aunque acompañado y apoyado por el adulto, repare el mal ocasionado y devuelva el objeto robado. Es normal que el niño sienta vergüenza y no quiera hacerlo. Esto debe ser conversado con él, no para imponérselo como un castigo, sino para que lo vea como una oportunidad de realizar una buena acción, que le permitirá seguir siendo tan bueno como siempre ha sido.
  • Ofrecer disculpas. Es Importante que la reparación no se limite a la devolución, es necesario además ofrecer disculpas, dejar claro el arrepentimiento contribuye de manera importante a la evitación futura de la conducta. Es importante, igual que en el paso anterior, dejar claro que es una oportunidad, no un castigo para el niño.
  • Elogiar por la solución. Una vez reparado el daño es necesario reconocer, con elogios abundantes, el valor de la reparación. Es factible, en estos casos, limitar el premio a la conducta solo a elogios, pero estos elogios deben ser espléndidos.
  • Dar afecto. El enfrentamiento del propio niño a las consecuencias de su conducta de robo es difícil para él, le genera muchos sentimientos negativos como arrepentimiento, temor, pena, bochorno. Tal vez con esto baste para entender que el niño necesita apoyo del adulto, materializado en claras expresiones de afecto. Si esta no es razón suficiente pensemos que una de las causas que pueden ocasionar la conducta es precisamente las carencias afectivas y este es ya el momento idóneo para comenzar a eliminar causas.
  • No retirar la confianza al niño. Muchas veces en mi consulta los padres me dicen que no pueden volver a confiar en el niño, sobre todo cuando el objeto de robo es de mucho valor. Baste decir al respecto que solo depositar confianza en el niño los convertirá en personas confiables.

Recomendación variable ante la conducta de robo

Resolver las causas que justifican el robo. Es importante que la familia intente conocer por qué los niños se conducen de la manera que lo hacen. En el caso específico del robo o sustracción, no atender a las causas que lo provocan, puede dar solución a una conducta específica pero no garantiza que no se repita la situación.

Atender el egoísmo del niño. Cubrirlo de afecto, confiar en él, dejar nosotros mismos de dar tanta importancia a las cosas materiales, crear habilidades sociales para la convivencia en el grupo y revisar con quienes se reúnen nuestros hijos, puede aportar las verdaderas soluciones a largo plazo y evitar la tendencia al robo en la vida adulta.

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