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Psicología de Omar

Sobre-estimulación y aceleración del desarrollo infantil

Sobre-estimulación en los niños

Tuve la oportunidad una vez, de conversar con un experto en asuntos del desarrollo infantil y en la plática, usó un refrán que se quedó grabado en mi memoria como una frase lapidaria: “Vísteme despacio, que estoy de prisa”. Lo dijo, para resaltar el peligro, que para él, tenía la sobre-estimulación o aceleración el desarrollo de los niños.

¿Con el crecimiento del niño disminuyen las preocupaciones?

Por lo general desde el mismo nacimiento, la familia está esperando deseosa que el niño crezca, “cuando sea grande todo va a ser mejor”. La madre del recién nacido desea que el bebé tenga tres o cuatro meses, la del lactante que el niño ya camine, la del niño de año y medio quiere que tenga por lo menos tres años, para que no haya que estar tan pendiente de él. Los padres de niños preescolares esperan con deseo que el niño vaya a la escuela y los de niños escolares esperan que ya sea grande como esperanza de solución a sus preocupaciones.

Así, con cada edad y momento del desarrollo, siempre se espera que cuando el niño sea un poquito mayor desaparecerán todos los males y preocupaciones que hoy afectan. Es muy probable que esto sea verdad, las preocupaciones que los padres tienen con un niño de un año muy probablemente habrán desaparecido cuando el niño ya vaya a la escuela, pero eso, para nada significa que llegada la edad escolar no habrá preocupaciones.

Cada etapa tiene sus propias exigencias para los padres y educadores y cada una de ellas genera preocupaciones diferentes, que incluso tienden a aumentar con la edad de los hijos. Así niño pequeño, preocupaciones pequeñas, niños grandes, preocupaciones grandes.

El sueño de que desaparezcan las preocupaciones que genera el niño a una edad se puede convertir en pesadillas con las que generan nuevas edades más avanzadas. De cualquier manera, esto generalmente se ve en retrospectiva, cuando la madre del adolescente, recuerda lo fácil que era todo cuando el niño era pequeño.

¿Por qué algunos padres quieren adelantar el desarrollo infantil?

Mirando al futuro, generalmente, les ciega la esperanza de tranquilidad por venir. Esta quizás sea la justificación perfecta de los intentos de algunos padres de adelantar el desarrollo de los niños de manera forzada, aunque otras causas pueden también incidir:

  • Sobrevaloración de la inteligencia en los niños, lo cual lleva a fomentar conocimientos y lo que es peor, formas de pensar y actitudes en los niños, que no se ajustan a lo apropiado para la edad.
  • Añoranza de la adolescencia, sentir fuerte atracción hacia esa edad, ya sea por no haber vivido a plenitud la suya propia, por problemas de falta de madurez o por cualquier otra razón.
  • Falta de paciencia y tolerancia en algunos padres por querer y esperar que los niños se conduzcan de manera perfecta.
  • El simple hecho de no tomar demasiado en serio la responsabilidad que implica educar. El deber de garantizar al niño la posibilidad de disfrutar plenamente cada etapa de su niñez y de la vida.

No intento con esto agotar todas las posibles causas, tal vez los seguidores de nuestro blog PsicologiadeOmar.com puedan enunciar muchas otras, así como tampoco pretenderé abordar todas las formas de acelerar el desarrollo que pueden ser ejercidas por la familia.

Formas más comunes de adelantar o presionar el desarrollo psicológico del niño

Adelantar el niño en la escuela

Por suerte en los últimos tiempos he visto una actitud más generalizada de los pedagogos a negarse a adelantar un grado en la escuela. Sin embargo, he conocido de niños que habían acelerado los procesos de aprendizaje por exceso de estimulación al llegar a la edad escolar fueron adelantados, por lo general, un curso en la escuela.

A corto plazo esto es motivo de orgullo para la familia, pero su estado de euforia tiende a esfumarse con rapidez, en la misma medida que las consecuencias de este adelanto se van mostrando. De esto reflexionamos más adelante en este artículo.

Tratar al niño como un niño mayor

Tratar al niño como un niño mayor, incluso como un adulto. En ocasiones he conocido de niños que son tratados con demasiada rudeza, y no me refiero al uso de métodos educativos violentos, que pueden o no estar presente en estos casos.

Me refiero a un trato demasiado exigente, con requerimientos psicológicos e incluso físicos (tareas, responsabilidades) que llevan al límite o sobrepasan las potencialidades de desarrollo de la edad específica. Actitud que, al igual que la anterior, traerá consecuencias a corto, mediano o largo plazo.

Vestir al niño como adolescente

Cada etapa tiene una forma característica de vestir, determinadas indumentarias que se han estandarizado en muchos años. No obstante, los adultos modernos, en su función de padres, pretenden frecuentemente romper estos estereotipos y visten a niños pequeños como si fuesen adolescentes.

El mercado ha estimulado esta actitud y en el afán de recaudar al máximo, ofrece a los padres hasta las más inusitadas prendas, a escala abrevadas, para el uso de los niños. Lo más inaudito no es que los padres las compren, sino que las usan en sus hijos.

Decir estereotipo, en los últimos años, es como si se mencionase algo monstruoso y habrá una horda, de gente con garrotes, dispuesta a destruirlos ¿Pero son tan innecesarios los estereotipos?, ¿debemos condenarlos a todos y desterrarlos? ¿Cómo educar sin ellos? ¿Que podría pasar si se rompen o simplemente se olvidan estos que he mencionado?

Presionar el desarrollo infantil puede tener afectaciones en el niño

Estimulación excesiva o sobre-estimulación

La estimulación siempre va un paso por delante del aprendizaje, tanto de conocimientos como de habilidades en los niños. Una estimulación que no supera lo adquirido, lejos de estimular, frena el desarrollo. Pero, ¿qué pasa cuando la intensidad de la estimulación supera demasiado los niveles de desarrollo ya alcanzados?

En la medida que la estimulación se separa de las potencialidades del niño va perdiendo su carácter impulsor. La marca mundial de salto alto es una de las más antiguas del deporte en el mundo, es de 2,45 m y fue implantada por el cubano Javier Sotomayor. Imagine usted que, a un principiante en la práctica de ese deporte, con cierto talento para el mismo, se le pida que salte 1,40 m cuando ya en los entrenamientos ha estado saltando de manera sistemática 1,35 m.

Lo más probable es que el joven lo intente con entusiasmo, pero ¿qué ocurriría si ponemos la varilla en los 2.45?, por supuesto que no hará ni el intento. Lo mismo ocurre en la vida cotidiana y en el desarrollo de los niños, si ponemos la varilla demasiado alta, la estimulación, lejos de estimular, frena el desarrollo.

Pero demos un paso más a delante, ¿que ocurriría si presionamos al novel deportista a que tiene que saltar obligatoriamente esa altura?, y si no lo logra es criticado severamente y obligado a otro intento y a otro y a otro.

Consecuencias de sobre-estimulación infantil

Cuando se sobre-exige a una persona en algo, hay dos alternativas: o la persona lo logra hacer, a costo de posibles lesiones físicas y psíquicas que lo marcarán para siempre o no lo logra y se verá obligado a asumir lesiones psicológicas por no haberlo logrado.

Las consecuencias en el desarrollo de los niños con estimulación desmedida son similares. El niño puede lograr cumplir con las expectativas que sobre él recaen, pero la sobre-exigencia, generará un estado de displacer que amenazará por convertirse en crónico, la tensión que genera mantenerse a la altura, provocará desgaste psicológico, el estrés mantenido debilitará su organismo y muy probablemente se tornará inseguro, ansioso, irritable, sobre-autoexigente e intolerante.

Por el contrario, si el niño no puede cumplir con las exigencias tendrá que lidiar con las consecuencias de su incumplimiento. En mi consulta he observado en estos niños dos maneras frecuentes de reaccionar.

  1. Actitud de culpabilidad. Otorgará un gran valor al incumplimiento, se afectará la autoestima, surgirán sentimientos de minusvalía, tristeza, vergüenza, depresión u otros por el estilo. Lo que puede llegar a la aparición de la neurosis.
  2. Actitud de defensa. Restará valor a las exigencias y a todas sus consecuencias, actitud retadora, insensibilidad, indolencia, rebeldía u otras características similares que pueden llegar a una actitud psicopática.

Adelantar cursos escolares

En el caso del adelanto escolar, que siempre ocurre cuando el niño muestra conocimientos o capacidades intelectuales superiores a sus contemporáneos, por lo general los niños logran adaptarse, pero siempre con una sobre-exigencia. Por un lado, sobre los contenidos que tiene que asimilar, pero por otro, y lo que es más importante, las presiones a que se ve sometido por parte del grupo en el cual es el más pequeño, lo que lo obliga a quemar etapas.

Esta situación es especialmente compleja con la entrada a la adolescencia, en la que el niño llegará más tardíamente que sus comañeros, y el cambio de las normas del grupo, acorde a los nuevos intereses de sus miembros, impulsará al niño a múltiples conductas de riesgo, bullying, inicio precoz de relaciones de pareja, entre otras.

Uso de vestimentas, maquillaje y atuendos no adecuados a la edad

Otro tanto negativo y peligroso puede resultar los niños vestidos como adolecentes. Tendencia que ya desde hace tiempo se puede observar con creciente frecuencia, tal costumbre afecta los intereses de los niños, y los puede hacer quemar etapas. Vestirse de una manera puede implicar sentirse como tal, por demás, si se visten, se cortan el cabello, se pintan las uñas, se afeitan las piernas y otras conductas propias de la adolescencia, siendo aún niños, ¿qué harán para lucir cuando lleguen a esa edad?

Hacer que niños y niñas luzcan como adolescentes, por demás, los puede poner en mayor riesgo de sufrir abusos sexuales.

Recomendaciones

  • Nunca pretender adelantar el desarrollo de los niños.
  • No sobre-estimular ni permitir que se sobre-estimulen los niños.
  • Evitar que los niños asuman actitudes y responsabilidades de niños mayores.
  • Facilitar las relaciones predominantes con niños de su misma edad.
  • Nunca pretender ni permitir que el niño adelante cursos en la escuela.
  • Adecuar la forma de vestir y de lucir a lo estereotípicamente establecido para cada edad (rescatar las batas, cintas y lazos en las niñas)
  • Respetar el derecho del niño de disfrutar de lo típico de cada edad.

Permitir que los niños participen de las conversaciones de los mayores, de las interioridades de las relaciones de pareja de los padres, de las preocupaciones propias de los adultos, es también, de alguna manera sobre-estimulación. La niñez es quizás la etapa más bonita de la vida y así debe seguir siendo. Cuidemos que nuestros hijos disfruten de ella.

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