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Psicología de Omar

El sueño interrumpido

Sueño interrumpido

A partir de los dos años los niños deben dormir corrido toda la noche, para lo cual debe haberse venido preparando desde meses antes. Despertarse en las madrugadas ya no debe aceptarse, ni siquiera si su despertar se relaciona con pedir o recibir alimentos. La causa principal del sueño interrumpido es precisamente la necesidad de recibir alimentos con marcada frecuencia, lo cual es típico de los bebés en los primeros tiempos posteriores al nacimiento.

Consecuencias del sueño interrumpido

El sueño interrumpido en mi experiencia se asocia a una disminución de la calidad del descanso, tanto en los hijos como en los padres. En ambos provoca, en consecuencia, irritabilidad, baja tolerancia a las frustraciones en los padres, conducta disruptiva en los niños, intranquilidad y desobediencia.

Sin embargo, este fenómeno no es estable ni perecedero, es más bien transitorio, tiende a evolucionar favorablemente una vez desaparezcan sus reforzadores, para finalmente, pasar a un sueño estable. Lo más preocupante de él no es su evolución, sino el manejo que se tiene del mismo para estimular su desaparición, en tanto su presencia afecta el descanso de los miembros de la familia y por tal razón, afecta emocionalmente, genera desespero y promueve conductas que no favorecen el desarrollo y el bienestar del niño.

Cómo lograr que el bebé duerma más horas consecutivas

Una buena manera de ir ordenando los períodos de alimentación y sueño, en aras de que el niño vaya logrando progresivamente dormir más horas seguidas, es desde el inicio de la lactancia ir cuadrando los horarios de lactancia a partir de las 11 o las 12 de la noche. Lo cual permitirá que, si ese horario se mantiene fijo, se irán corriendo los demás en la medida en que el bebé pueda estar más horas sin alimentarse, hasta que logre dormir la noche entera.

Esta forma de proceder ayuda incluso a ordenar la vigilia y el sueño del lactante, que muy frecuentemente es motivo de quejas familiares, quienes refieren que sus hijos cambian la noche por el día, afectando el descanso de la madre.

La necesidad de alimentar al niño cada tres horas, crea en el niño el hábito de despertar en las madrugadas. El niño siente hambre, se despierta y recibe el ansiado alimento, pero junto a la alimentación y asociado a la misma, es cargado en brazos, sacado de la cama, recibe afecto, caricias de la madre, entre otras estimulaciones que le son placenteras.

El despertar en las madrugadas es gratificado, por tanto, por un conjunto de estímulos que rebasan la simple alimentación, y cuando ésta se hace menos necesaria, la costumbre de recibir los demás estímulos, que en casos extremos pueden llegar hasta el colecho, con sus efectos para la familia y para el niño, se mantienen como legítimas justificantes del sueño partido.

¿Qué deben evitar los padres?

Cuando hablo de los reforzadores que tienen que desaparecer, para lograr el sueño de toda la noche me refiero a:

  • Dar alimentos en la madrugada. Estimula que el niño sienta hambre a esa hora y seguirá despertando por tal razón.
  • Jugar con el niño. Provocará con la repetición, que el niño se despierte a jugar a deshoras, reclamando la presencia del adulto en sus juegos.
  • Sacarlo de la cuna, cargarlo, mecerlo en una mecedora o sillón. Estimulará que el niño pida salir de la cama en las madrugadas.
  • Cambiarlo de cama. El niño se despertará cada madrugada invariablemente para ser llevado a la cama con sus padres.

Todas estas conductas y casi cualquier otra, sustentará la presencia del despertar en la madrugada. Solo dos son las alternativas para la solución del problema.

Primera solución: atender el llamado del niño y cambiarlo de cama para continuar el sueño con sus padres. Esta vía desembocará inevitablemente en el colecho. Cada vez el niño buscará más temprano y con mayor fuerza dormir con los padres y con el tiempo su cama apenas será utilizada para las visitas. Es una solución que se irá imponiendo de manera progresiva, anulando la voluntad y la capacidad de los padres de tomar decisiones con lo que sucede.

Una vez que el niño duerma toda la noche en la cama de los adultos el sueño dejará de interrumpirse y por tanto el sueño partido o despertar de madrugada desaparecerá por completo, lo que nos lleva a la conclusión irrevocable de que es efectiva. Solo que, como consecuencia, se habrá instalado el colecho y con el aparecerán todos sus efectos indeseables, en función de la privacidad, de la comodidad, del descanso y de las consecuencias en el desarrollo del niño (ver artículo del colecho, donde se habla de la importancia y los efectos de que el niño duerma solo).

La segunda solución es igualmente efectiva, e implica un manejo similar que el que se indica para el dormir solo (ver artículo relacionado). Esta vía es a mi juicio la más aconsejable y de hecho, es la que propongo a los padres de mis pacientes. Es cierto que suele ser más difícil de implementar, en tanto el niño inevitablemente mostrará resistencia.

Al aplicar la segunda solución, en una semana a lo máximo, se habrá logrado por lo general un sueño estable e ininterrumpido durante toda la noche, que por demás promoverá en el niño, mayor independencia y estabilidad emocional, protegerá la relación de pareja de los padres y facilitará el descanso y el bienestar de todos.

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